El cobro por valorización que el Gobierno nacional quería hacerle a la Vía al Mar, la misma que une a Cartagena y Barranquilla al lado del mar Caribe, revisada en el marco jurídico y tributario de la República de Colombia, tenía las mismas implicaciones legales a que el mismo Gobierno nacional hubiese querido recuperar por valorización la construcción de las murallas de Cartagena: ¡Locura total!
Veamos: mientras la Vía al Mar fue terminada hace 30 años, las murallas se terminaron de construir hace unos 230. Quiere decir que, ambas obras, sin importar demasiado el número exacto de años en que se finalizaron, en su marco jurídico, las valorizaciones cobradas hubiesen sido completamente extemporáneas. Es decir, en la filosofía del Gobierno nacional, daba lo mismo si la obra por recuperar tenía 2, 30, 70 o 200 años de terminada. ¡Qué carajo, como tenemos afán de agarrar dinero de donde sea!
Afortunadamente, la Corte Constitucional acaba de declarar inexequible el cobro por valorización de la mencionada carretera. Haber dejado abierta esa puerta, en términos de jurisprudencia, hubiese significado la mayor locura tributaria que el país pueda imaginar, pues cualquier alcaldía, gobernación y la misma nación hubiesen quedados empoderados para recuperar por valorización cuanta obra extemporánea se les ocurra. Por ejemplo, usando de referencia a Cartagena y para hacerme entender, ¿te imaginas a otro presidente queriendo recuperar inversiones añejas como la avenida Pedro de Heredia, la Santander y, de ñapa, el Reloj Público?

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Hans BlumenthalEn ese mismo sentido, un alcalde en la Heroica, desesperado por plata (no es el caso de Dumek), también pudo decir: “Pendejo el último, yo también quiero recuperar por valorización el Parque del Centenario y el Castillo San Felipe, que bastantes beneficios incorporaron a los predios de los cartageneros”. Es decir, esto se hubiera convertido en la francachela tributaria más desbarajustada e inconstitucional que cualquiera pueda imaginar.
Ya en perspectiva, y luego de tanto desgaste del Gobierno nacional en querer sacar semejante iniciativa tan desquiciada, sumado al costo político de chamuscarse entre los cartageneros y barranquilleros que se sintieron ultrajados por este proyecto, bien pudieron haberle dedicado ese tiempo para hacer los estudios de valorización para financiar al famoso tren elevado de Petro que uniría a Buenaventura con Barranquilla, pasando por encima de 2 cordilleras, la selva del Pacífico y el Tapón del Darién.
