Cartagena no es una ciudad verde. Tiene pocos árboles y muchos de los que la adornan están en mal estado, convertidos en peligro cuando llueve con brisas alocadas. Tampoco contamos con buenos parques y la mayoría de ellos se hallan en condiciones precarias. Se suma una ciudadanía poco interesada en defender e impulsar un ambiente sano, que beneficie a todos, propios y visitantes. Las basuras, con frecuencia depositadas en ellos, denigran estos espacios que merecen mejor suerte.
Afortunadamente, también en este campo, las cosas han comenzado a cambiar. El gobierno de la ciudad, en cabeza del alcalde Dumek Turbay, está comprometido en un programa de recuperación de los parques, comenzando por los más emblemáticos. El ímpetu transformador se inició con el parque Espíritu del Manglar, cuya fisonomía es ahora muy diferente a la que mantuvo por largo tiempo, cuando lucía abandonado y maltrecho. Este parque es un verdadero pulmón ambiental de Cartagena y su privilegiada localización, muy cerca del Centro Histórico, permite disfrutarlo en medio de pájaros cantores, garzas, guacamayas, loros, pericos, ardillas, todo en medio de un hermoso ecosistema de manglar y senderos ecológicos. Personajes con alma cartagenera mantienen su presencia en el lugar gracias a las esculturas de Óscar Noriega. Ahí están, entre otros, Hugo Alandete, Daniel Lemaitre, Cheo Romero, Gabriel García Márquez, Teresa Pizarro de Angulo, Rodrigo Valdez, Michi Sarmiento, Luis Felipe Jaspe. Este gran proyecto de ciudad convertido en realidad fue renovado y entregado para el disfrute de la comunidad local y turistas, hace un año, y se sigue adornando.
El alcalde Turbay no se conforma. Hace dos días, al frente de un equipo de gobierno y operarios dispuestos, se fue para lo que quedaba del maltratado parque Flánagan de Bocagrande, anunciando, en medio de las obras iniciales, su completa recuperación. Este espacio se había convertido en una vergüenza en plano corazón del sector turístico más importante de Cartagena, y en una amenaza para quienes pasaban por sus alrededores. Los maleantes lo habían asumido como su refugio natural. “Poco a poco /el Flánagan/ se fue convirtiendo en una madriguera de ratas, árboles enfermos, bancas dañadas y oxidadas, pisos levantados, maleza, basura, oscuridad y todos los males que pueden convertir a un parque en un hervidero de todo tipo de derrotas sociales”, dijo Turbay.
Este parque, revitalizado, será entregado el 31 de octubre. Otros que tendrán nueva vida: Apolo, Centenario, Blas de Lezo. Si hay voluntad política y compromiso social, todo se puede. A la ciudadanía corresponde cuidar y defender los parques. Les pertenece y deben ser su centro de poder comunitario.
