Uno no entiende para qué quiere Petro reelegirse, si lo hecho en los tres años de su gobierno ha sido un verdadero desastre en todas las materias. No hay un solo aspecto positivo, y antes por el contrario cada día surge un nuevo escándalo de corrupción tan bochornoso que da vergüenza ajena con los países civilizados. Además del paupérrimo crecimiento económico que tiene el país prácticamente estancado. Si no fuese por Banco de la República, el resultado sería peor aún.
Pero no solo en el tema de la corrupción, que es aberrante, sino del manejo de su política y su implementación, que denota una muy poca experiencia en el manejo de lo público-administrativo, y una muy mala ejecución del presupuesto. Ya decía el “sucio” Cepeda cuando eligieron a su pupilo Petro: “Ahora viene lo más difícil, gobernar”. Y en efecto ha sido así. Es que del conocimiento teórico al conocimiento práctico hay un enorme y largo trecho.
El presidente, que tenía la solución a casi todos los problemas nacionales, solo no los ha solucionado, sino que los ha agravado. Además de dedicarse a dividir más la sociedad colombiana, la que de por sí ya es bastante inequitativa. Y que sus explosivos discursos no hacen otra cosa que echarle pólvora al fuego. Y si continúa, el camino que tomará la nación será el de una nueva confrontación entre civiles. No la guerrilla contra el Estado, o lo que es lo mismo narcotráfico contra FF. MM., ya que eso es de viaja data, es prácticamente endémico. Sino entre civiles, como se dio en la guerra de los mil días. Y más cuando se le ha dado tanto poder a la delincuencia común (que, parece, junto con los indígenas y guerrillas será el ejército privado del presidente). No se descarta que los civiles se estén armando para confrontarlos.

Menos resoluciones, más seguridad jurídica
Iván Martínez IbarraUn buen presidente, que haya hecho las cosas bien y que tenga una aceptación por encima del 70% de los ciudadanos, vaya y venga, es posible reelegirse, aunque la constitución no lo permita, es factible pensarlo. Pero de un presidente que todo lo que ha hecho lo ha hecho mal y tiene la animadversión del 70% de los ciudadanos, para qué pretende reelegirse, al menos que exista una patología, no solo individual sino colectiva, como puede ser posible. Un gobierno que a pesar de la enorme entrega de dádivas en el Congreso no ha logrado aprobar sus proyectos.
La suerte está echada, el presidente insiste contra viento y marea gobernar, y si los encendidos discursos persisten lo que se ve en ciernes es una guerra civil, como lo vaticiné el 7 de agosto de 2022, cuando se posesionó y pidió traer la espada de Bolívar. Después de ese significativo acto, muy violento de por sí, me dije: aquí lo que se ve de inmediato es a un dictador (Bolívar lo fue ampliamente, eran otras las circunstancias).
Pero los colombianos no son venezolanos, ni mucho menos cubanos. Aquí existen paisas jodidos, llaneros alebrestados, santandereanos arrechos, tolimenses rabiosos, costeños rebeldes y, sobre todo, existen instituciones fuertes y separación de poderes.
Lo que se ve al final, puede ser bastante trágico. Y que el pueblo en un 70% ha quedado consciente que el experimento estatizador seudo marxista es un verdadero fracaso, y que no se debe jamás volver a intentar. Y el tan anhelado cambio tiene que ser con sus rectificaciones, por supuesto, con la libre empresa, la inversión y la propiedad privada. Y que sin seguridad ciudadana y el decidido combate a la corrupción y a la producción de cocaína jamás se dará el tan pregonado y necesario cambio.