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Columna

Misericordia

“La misericordia es, al final, una forma de recordar que el corazón sigue siendo nuestro mejor maestro”.

VIVIAN ELJAIEK JUAN

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El loco de Dios en el fin del mundo es un libro en el que su escritor, el español Javier Cercas, narra su periplo hasta Mongolia para entrevistar al papa Francisco, todo con el fin de responder una pregunta que su madre le hace: que si cuando ella muera se va a reencontrar con su marido fallecido. Mientras realiza el viaje, Cercas habla con cardenales, periodistas y funcionarios de la santa sede del Vaticano para conocer de cerca la vida del papa. Desde joven, el papa Francisco se caracterizó por trabajar con los más pobres de su país natal, Argentina, y así lo manifestó en su entronización: “La misericordia existe cuando el corazón se junta con la miseria del otro, es decir, cuando la miseria del otro entra en mi corazón”, frase que llama poderosamente la atención, especialmente en un país como el nuestro, donde el nivel de pobreza monetaria alcanza el 33%, y en Cartagena es del 41%, es decir, casi la mitad de nuestra población no cuenta con los recursos mínimos para cubrir sus necesidades básicas. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para aliviar este flagelo que azota con más fuerza a nuestros conciudadanos? Siguiendo la fórmula del papa, implica dejar que la pobreza entre en nuestros corazones y encontrar la forma de dar; no necesariamente dinero, también existen otras formas de contribuir como es comida, ropa, trabajo, estudios, medicamentos, vivienda.

¿Cuánto de lo que nos ingresa mensualmente podría estar sobrándonos que pudiéramos destinarlo en ayudar a alguien necesitado? Recuerdo la frase que mi madre nos repetía desde cuando éramos niños: “Ser rico no es un pecado, ni pobre una virtud, el pecado está cuando no compartes tu riqueza”. Ella nos enseñó la virtud de buscar la manera de ayudar a los pobres, empezando por el núcleo más próximo al nuestro, las empleadas de servicio, el jardinero, el conductor, las niñas que no podían pagar los estudios en nuestro colegio, o a través de fundaciones sociales.

Desde una mirada más filosófica, la misericordia es una de las virtudes más urgentes y transformadoras de nuestro tiempo. No se trata solo de sentir lastima o compadecerse del otro, implica una acción de extrema comprensión y generosidad. Ser una persona misericordiosa es actuar con verdadero amor, sin esperar una recompensa o reconocimiento por tus buenos actos. No podemos seguir cerrando nuestros ojos y dar media vuelta cuando estamos viviendo tan de cerca cuánto sufren niños, jóvenes, y ancianos porque escasamente comen una vez al día, o los padres no pueden enviar a sus hijos al colegio porque no tienen zapatos con que calzarse o no pueden pagar la matrícula escolar, o aquellas familias que viven en un rancho de cartón.

La misericordia es, al final, una forma de recordar que el corazón sigue siendo nuestro mejor maestro.

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