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Columna

El respeto por las decisiones judiciales

“Quizás este sea el momento de hacer un gran acuerdo que tenga como propósito el respeto por las decisiones judiciales...”.

Yezid Carrillo De La Rosa

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La historia muestra que han existido tres grandes concepciones sobre el papel de la justicia. Una se gestó en Inglaterra y se consolidó en Norteamérica, en donde la judicatura goza de gran prestigio y autoridad. Recuérdese que fueron los jueces (itinerantes) quienes configuraron el common law (derecho común inglés), una especie de derecho supraestatal que el juez Edward Coke invocó para limitar el poder absoluto de Jacobo I (1610) y que sirvió de precedente al juez Marshall para invocar en el caso Marbury vs. Madison (1803) la judicial review (revisión constitucional). Distinta fue la visión francesa (y europea), en donde los jueces fueron vistos siempre con desconfianza dada su cercanía con la monarquía absoluta y, por ello, tuvieron un poder limitado y una labor meramente reproductiva y aplicativa de la ley. Este fue el modelo imperante en Colombia bajo la Constitución de 1886. Y el tercer modelo surgió con posterioridad a los juicios de Núremberg y de la consolidación de la democracia constitucional (que desconfía de las mayorías facciosas), la cual atribuye a los jueces el poder de vigilar y controlar cualquier exceso de los otros poderes, la obligación de garantizar los derechos humanos y fundamentales y la labor de mejorar el derecho legislado y/o reglamentado. Esta es la visión que impera en Colombia bajo la Constitución de 1991.

Pienso que es esta enorme responsabilidad que tienen los jueces en nuestro país: garantizar los derechos, limitar el poder y configurar el orden jurídico, la que ha conducido a que tanto los gobiernos de izquierda como de derecha hayan tenido una relación poco pacífica con la justicia; argumento que puede aplicarse también a los partidos políticos, que defienden o atacan a los jueces dependiendo de la conveniencia de la decisión, como está sucediendo con el caso Uribe, en el que quienes hoy piden respeto por la justicia, ayer la asediaron y acusaron de querer defenestrar al presidente, y quienes hoy la atacan, hace poco ensalzaron sus fallos contra el Gobierno. Platón, en su diálogo “Apología de Sócrates”, narra el juicio a su maestro y la injusta condena a morir bebiendo cicuta (veneno); en el diálogo “Critón”, como su amigo quiere convencerle de huir, ante lo cual Sócrates argumenta que “es mejor sufrir una injusticia que cometerla” y que al huir cometería una injusticia contra las leyes y negaría sus principios éticos; y en el diálogo “Fedón” rememora la integridad moral de Sócrates, quien previo a su muerte le recordó a Critón: “Le debemos un gallo a Asclepio. Paga mi deuda y no la olvides”. Quizás este sea el momento -tomando ejemplo de Sócrates- de hacer un gran acuerdo que tenga como propósito el respeto por las decisiones judiciales, incluso, si las consideramos desacertadas.

*Profesor universitario.

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