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Columna

Muerte, ¿dónde está tu victoria?

“La mejor defensa de la democracia colombiana, en estos turbulentos momentos, sería coincidir de una vez por todas en que la vida humana debe estar por encima de las ideas”.

GERMÁN DANILO HERNÁNDEZ

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La muerte del senador Miguel Uribe Turbay, ocurrida dos meses después del absurdo atentado cometido por un menor de edad, con autores intelectuales aún desconocidos, configura una nueva tragedia por la cíclica e irracional violencia política que desde hace décadas se ensaña contra Colombia.

El comprensible dolor e indignación por la pérdida del líder sacrificado embarga no solamente a sus familiares, amigos y seguidores, también a quienes desde diferentes orillas del pensamiento e ideologías persisten en abrir espacios a la construcción de nación en el marco del respeto a las diferencias y a la convivencia pacífica.

Como era de esperarse, las reacciones de diferentes sectores de opinión en su mayoría proponen reflexiones y llamados a desarmar las palabras y los espíritus como señales de tolerancia y de reconciliación; no obstante desde otras orillas se acentúan las recriminaciones, los señalamientos y la utilización política de la tragedia.

En condiciones similares a la eliminación física de Miguel Uribe, Colombia ha perdido a lo largo de los años a numerosos dirigentes políticos de derecha, centro e izquierda, que se perfilaban como esperanzas de la nación para edificar un mejor futuro, pero paradójicamente la historia se repite sin que las reflexiones y llamados motivados por la sangre derramada encuentren eco en las acciones.

Los liderazgos radicales y caudillismos que históricamente se han impuesto en el país, siguen alimentando la dinámica política nacional, prevaleciendo una polarización en la que se pretende anular a los contrarios, desconociendo sus pensamientos, sus ideas, sus acciones y sus vidas. Algunos voceros del radicalismo desconocen su protagonismo en los discursos de odio; exigen “bajar los tonos” en simultánea con declaraciones incendiarias, y llaman a la tolerancia desde los insultos.

A pesar de los ruidos que se generan desde los extremos políticos, las verdaderas mayorías nacionales resultan silenciadas e invisibilizadas, porque los matices de pensamientos y de acciones no son admitidas por los violentos. Pero esas mayorías también reaccionan frente a episodios como el que nuevamente sacude las sensibilidades del país.

A pesar de quienes pretenden desconocer la neutralidad y la conciliación como mecanismos para atenuar la polarización política, son muchas las voces que gritan ¡BASTA! Nada justifica que la sangre de colombianos, independientemente de sus ideologías o colores políticos, siga manchando la historia de esta nación.

Revisando las miles de muertes de hombres y mujeres en Colombia por el ‘delito’ de pensar diferente, cobra vigencia la cita bíblica (Corintios 15:55): “Muerte, ¿dónde está tu victoria?”. La mejor defensa de la democracia colombiana, en estos turbulentos momentos, sería coincidir de una vez por todas en que la vida humana debe estar por encima de las ideas.

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