Una generalizada desaprobación se ha observado en redes sociales al rechazo producido por algunas personas al traslado de unas familias residentes en Chambacú, hacia dos zonas de la ciudad donde se ha intentado su reubicación. Esta es una discriminación que viene desde abajo, de personas de condiciones sociales parecidas y tal vez hace unos años, iguales a las que hoy se rechazan. Esto que parece incomprensible tiene sus explicaciones en diferentes formas. Unas que pueden ser explicadas, otras no tantas. La primera explicación se puede hacer desde conceptos como la aporofobia, xenofobia o el racismo.
La aporofobia tiene su origen en dos términos que vienen del griego, aporos = pobre y fobos = miedo, es sencillamente el miedo y el rechazo a los pobres. Se expresa en múltiples formas, desde rechazo, hostilidad, incomodidad, repulsión frente a personas que se encuentran en condición de calle, desamparo, carencia de recursos, hasta indigencia o peor aún, a quienes percibimos pobres, sin importar su condición.
Esta expresión es diferente a la xenofobia, que se refiere al rechazo al extranjero, a personas de otras naciones o a quienes percibimos extraños o distintos a nosotros. Opera esencialmente contra los inmigrantes, pero generalmente solo se hace contra aquellos que percibimos como pobres o que requieren de la ayuda del Estado para establecerse en su lugar de destino.

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Hans BlumenthalIgualmente es diferente al racismo, una forma de discriminación a otros grupos étnicos. En el racismo el rechazo es a las personas de un color diferente al mío, no importa si son pobres o no. Con frecuencia en estos tres términos encontramos unas constantes: miedos, desconfianzas, ignorancia, desconocimiento elemental de una consideración humana por los otros, casi siempre producidos al interior de una comunidad por una o muy pocas personas que desatan, casi siempre, bajo actitudes de protección o prevención, las más bajas actitudes de rechazo ante los que no queremos ver y menos aún, relacionarnos.
El empleo de estos términos oculta o disfraza el miedo a la idea de que podemos perder lo que tenemos, de volver a condiciones que ya conocimos, como la inseguridad en sus diferentes o pesar que la condición social se va a degradar. También puede entenderse como una reacción normal de algo que nos hace recordar los años de dureza, de carencias y nos hace vernos en un espejo que no queremos recordar, de volver a vivir con grandes penurias.
Pero tal vez lo que puede ser más difícil de explicar, es lo que puede ser un conflicto moral, que va más allá de la ética, una forma de odio, que se viene expandiendo en las redes sociales, que va generando simpatías y adhesiones, que muchas veces aprovechan para cualquier forma de reconocernos con otros que piensan parecido, pero no se atreven a expresarlo y va generando una forma de solidaridad perversa.
*Sociólogo.
