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Columna

El país de los silencios

“En Colombia el silencio y el miedo intentan imponerse sobre la justicia: salvo un milagro, no deberíamos hacernos muchas ilusiones sobre capturar, procesar y encarcelar a los verdaderos asesinos de Miguel Uribe...”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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Prefiero guardar en mi memoria la imagen del joven senador Miguel Uribe Turbay (enero 28 de 1986 - agosto 11 de 2025) cargando a su pequeño hijo, Alejandro, enseñándole a tocar piano, y borrar de mis recuerdos su rostro ensangrentado víctima de sicario profesional de solo 15 años.

Sobrecoge macabra coincidencia: Diana Turbay, galardonada periodista, madre de Miguel, asesinada el 25 de enero de 1991, durante operativo militar de rescate, a manos del narcotráfico, dejó huérfano a Miguel de solo 5 años. Ahora Miguel deja huérfano a Alejandro, nieto de Diana, próximo a cumplir también 5 años.

Y es que nuestra historia política y social los últimos dos siglos no fue escrita con tinta, sino con pólvora, sangre y olvido; generaciones tras generaciones caídas impunemente; líderes y caudillos de todo el espectro ideológico y escala social asesinados impunemente: Jorge Eliécer Gaitán, Rafael Uribe Uribe, Luis Carlos Galán Sarmiento, José Antequera, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, Manuel Cepeda, Álvaro Gómez Hurtado y, últimamente, la mayoría de los blancos dejaron de ser exclusividad de personajes sobresalientes, ahora también vuelven cenizas la vida y sueños de humildes líderes comunitarios, defensores de Derechos Humanos, activistas, periodistas, ambientalistas y, desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 -presidencia de Juan Manuel Santos-, más de 1.500 líderes sociales asesinados a mansalva, uno cada dos días, héroes anónimos, casi nunca mencionados en medios de comunicación, mientras sus familias los lloran y extrañan, huyendo despavoridas en busca de refugio. Crímenes amparados por impunidad del 97%, que garantiza a los verdugos estar a salvo y sonrientes, historias que se repiten y repiten como rueda de molino.

¿Quién lo duda? En Colombia el silencio y el miedo intentan imponerse sobre la justicia: salvo un milagro, no deberíamos hacernos muchas ilusiones sobre capturar, procesar y encarcelar a los verdaderos asesinos de Miguel: “Los cementerios guardan más evidencias y discursos interrumpidos que los archivos jurídicos de la Nación”, mientras el dolor y la incertidumbre se incrementan al infinito recordándonos que, en Colombia, los togados son blancos predilectos de los sembradores de terror y silencio, incluyendo el Holocausto del Palacio de Justicia (noviembre de 1985): 101 asesinatos, entre ellos 11 excelsos magistrados y, recientemente, 270 jueces, fiscales e investigadores judiciales, silenciados por siempre, claman justicia. Duele aceptarlo, pero nuestra historia está y estará escrita con sangre de héroes anónimos, pacíficos, honestos, provenientes de familias trabajadoras, humildes, a quienes no erigen estatuas, obeliscos ni pergaminos exaltando su valentía y honestidad; habitan en archivos polvorientos y en la conciencia de los que se niegan a olvidarlos convencidos de que solo mueren aquellos que se olvidan.

PD: Si perciben humedades en esta columna, pido disculpas, son mis lágrimas incontenibles en este país sembrado de rencores, huérfanos, viudas y silencios.

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