El país está conmocionado por el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, la muerte de soldados y policías y el aumento de la violencia. Nos duele profundamente, especialmente por sus familiares, amigos y por Colombia entera. Solo en la fe en Dios y en sus promesas se encuentra el apoyo que sostiene y reconforta. María Claudia, esposa de Miguel, nos ha dado testimonio también de la importancia del amparo de la Virgen María para seguir adelante.
Miguel entregó su vida luchando y trabajando por nobles ideales: la democracia, el orden, la justicia, la autoridad, la honestidad y muchos otros valores indispensables para que nuestra patria lleve una vida civilizada y las nuevas generaciones puedan crecer y desarrollarse en ambientes sanos y seguros.
Dios nos ha revelado que la sangre de los justos, unida a la cruz de su hijo, produce frutos que se irradian y estimulan a muchos a seguir luchando por hacer realidad esos ideales. Y, a pesar del dolor que provoca el hecho, la fe nos da la certeza de que el alma del justo pasa a gozar de la dicha eterna junto a Dios.
Duele que aún existan quienes se presten para cegar la vida de otros, afectando a las familias y a toda la sociedad. Rogamos para que se puedan esclarecer los hechos para ejercer justicia con los responsables. Serían muy diferentes las cosas en nuestra patria y para ellos mismos, si se abren a la conversión y viven en el amor de Dios.
En las lecturas de hoy* vemos que ese mal de atentar gravemente contra otros también afectó al profeta Jeremías, a quien arrojaron a un pozo con intención de dejarlo morir de hambre, hasta que alguien denunció la injusticia al rey y este ordenó liberarlo. La carta a los hebreos nos recuerda que Jesús soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
El Evangelio anuncia que su mensaje traería división: quien opta por Cristo y por la justicia sufre persecución de los que siguen el mal, de los cobardes, indiferentes o interesados. En algunas persecuciones, incluso familiares entregan a los suyos para salvarse.
La fe en Jesucristo y en su plan de salvación enciende el corazón para construir una sociedad mejor y alcanzar la eternidad, aun con el riesgo de ser perseguidos por quienes eligen el mal. Aceptemos su reto de unirnos con fe a Él, para combatir primero el mal que puede anidar en nosotros para, unidos al Espíritu Santo, defender los principios y valores del evangelio y enfrentar con fortaleza las pruebas y desafíos que nos sobrevengan.
Sigamos en oración por las familias afectadas y por nuestro país, para que la fe nos sostenga, nos reconforte y nos anime a trabajar por instaurar el bien con valentía.
