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Columna

#GazaDigoTuNombre

“Porque no me queda otra trinchera que la palabra, amplifico mi voz desde esta bendita columna para...”.

María Carolina Cárdenas Ramos

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No podré olvidar las palabras de Mariam Abu Dagga a su hijo de 13 años, Ghaith, antes de morir tras el ataque de Israel al Hospital Nasser, en Gaza. En una carta le escribió: “Hazme sentir orgullosa... alcanza el éxito y brilla” ¿Qué clase de mundo permite que un niño quede huérfano en medio de la barbarie, con el eco de esas palabras resonando en la oscuridad de la guerra? No puedo ignorar que miles de personas, en especial niños, mueren de hambre y miedo. Lloran con su estómago vacío, en medio de los ruidos ensordecedores de la muerte, las bombas, los disparos, las casas derrumbadas. Lloran a sus familias, sus vidas interrumpidas. Me siento profundamente identificada con Rita Segato cuando se autodefinió como una “ex humana”. Yo también me resisto a pertenecer a esta especie capaz de ejercer la crueldad como un arma legítima. Cuánta vergüenza y decepción siento de mi propio país y de compatriotas que miran hacia otro lado o incluso justifican la barbarie. Fotos sonrientes de Benjamín Netanyahu, acompañado incluso de nuestros exmandatarios, circulan como si el genocidio pudiera normalizarse. No me sorprende, pero me duele. ¿Cuántos, sin pudor alguno, politizan lo impolítizable: el exterminio de un pueblo. No me digan que esto es de izquierda o derecha, de antisemitismo o de cualquier otra etiqueta. Hace tiempo dejó de ser un asunto de ideologías: es, simple y dolorosamente, un asunto de humanidad. No hay justificación, ni siquiera bajo el manido pretexto de la “lucha antiterrorista”, para arrasar con miles de vidas inocentes. Un nuevo informe de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases revela que más de medio millón de personas en Gaza enfrentan hambruna: inanición generalizada, escasez extrema, muertes evitables. Se prevé que esta pesadilla se extienda a Deir Al Balah y Khan Younis. FAO, OMS, PMA y Unicef han reiterado que urge una respuesta humanitaria masiva, mientras los cuerpos se apilan y la desnutrición avanza sin freno. Cientos de miles pasan días sin comer nada. Como docente de Derecho Constitucional y de Derechos Humanos me pregunto: ¿cómo explicaré a mis estudiantes que esto ocurre a plena luz del día, ante la mirada fría del mundo? ¿Para qué sirve entonces el derecho internacional humanitario? ¿Podemos seguir repitiendo que después de la Segunda Guerra Mundial hubo un cambio de paradigma en el derecho y en los estados modernos, cuando los genocidios se repiten frente a nuestras narices? Por eso, y porque no me queda otra trinchera que la palabra, amplifico mi voz desde esta bendita columna para decir con fuerza que me adhiero a la campaña #GazaDigoTuNombre. Nombrar es resistir, y resistir es lo mínimo que aún nos queda.

*Abogada con Especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.

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