Carmencita Lemaitre falleció a los 105 años. El día de su último cumpleaños envió un mensaje dando respuesta a uno mío donde la felicitaba. Como lectora asidua de mis columnas, siempre anotaba pasajes de su juventud en el barrio de Manga. Me contaba hermosos episodios con su tío Daniel Lemaitre, las historias de su papá, Ernesto Carlos, con Víctor Covo en el bar El Gallo. La bata mañanera de Alejandro Yabrudy en el balcón frente a la joyería Cesáreo, donde el vendedor de frutas mirando hacia arriba le dijo: “Señor Yabrudy, se le ven”, y este respondió: “Dichoso tú. Yo no las veo desde hace 20 años”. Vivió Carmencita en la Miramar y estando tan cerca del Callejón de los Besos departió con muchos vecinos. Recordaba a don Manuel Mainero y a tantas familias que ocuparon casas de exquisita arquitectura mucho antes que apareciera Lola por allí. Me contaba la estrecha amistad de José Cesáreo, su esposo, con Fucho Román y el accidente que tuvo cuando estrelló su lancha contra el puente de Chambacú, donde se salvó de morir. Describía la arquitectura de las casas, los patios y los árboles frutales de cada una. Tuve la fortuna de hablar con ella, algunas veces en compañía de Martha Foschini, su hija Patricia y varias de las asistentes a sus cátedras de música clásica, donde manejaba la tecnología como una joven de 15.
Las notas con Carmencita en casi cinco años y las charlas en las que hablaba de Manga las guardo con especial afecto. Continuaré el libro “Manga en el portal de mis recuerdos”. Carmencita me hizo el prólogo y los comentarios fueron escritos por los muy ilustres hijos de esta ciudad, doctores Rafael Ballestas, Alberto Samudio y Augusto Beltrán.
Hoy, en honor a ella y a Manga, les regalo esta poesía -canción.
Manga, donde los mangos le hablan al amor/ y los icacos cantaban románticos boleros/ junto a los pájaros que estaban y se fueron / Manga, alojo de iguanas inocentes/ bella especie que saluda por los patios / y vive tranquila entre la gente/Manga, aquel barrio de muelles y marinas / de bongas florecidas /que vistieron las carrozas los días alegres de las reinas novembrinas / Manga, isla de puentes seductores estampas de ayer/cuando era la época del sombrero canotier/ y el traje de lino, planchado en el Vestier/ Manga, la Manga de otros años /donde todo se fue sin despedida / unas acuarelas nos recuerdan / lo hermosa que fuiste Manga mía.//
Qué buena manera de marcharse al cielo, con música, canciones, coros en el templo y dejando en Cartagena miles de recuerdos.
