Siempre debemos mirar el lado positivo de la vida; siempre, cantando bajo la tormenta, por fuerte que sea, la esperanza debe alumbrarnos como un rayo de luz en medio de la lluvia.
En 1945, los países aliados vencieron al nazismo de Hitler. Antes, los republicanos triunfaron sobre la dictadura de Franco, en España, y lo mismo ocurrió con la Italia de Mussolini. No ha sido fácil, algunos líderes del mundo deberían abandonar tanta prepotencia y soberbia, dejar de creerse los reyes del planeta.
Todos los hombres y mujeres deberíamos realizar actos, aunque sean pequeños, para dejar a nuestra amada Tierra mucho mejor, más humana, más igualitaria, más justa, para nuestros hijos, nietos y coterráneos.
Ortega y Gasset, en alguna oportunidad, nos enseñó que en situaciones alarmantes y críticas, como las que hoy enfrentamos, debemos imaginar un naufragio. Ese naufragio es el escenario más propicio para que surja el pensar. Solo “in extremis” —al borde de lo inevitable— el hombre reflexiona, en el naufragio va la vida. La muerte, por tanto, se convierte en la presencia insustituible que hace nacer el pensamiento.
Hoy no razonamos de manera crítica, las informaciones y noticias que recibimos, a través de los medios de comunicación, plataformas como Facebook, X, TikTok e Instagram, entre otras, contribuyen a confundir, lo blanco se hace ver como negro; lo bueno se transforma en malo; lo justo, en injusto. Incluso, lo que realiza un funcionario en favor de la justicia o de los más necesitados puede, por el antivalor de la mentira, convertirse en un mal a los ojos de la opinión pública.
Para entrar en materia, surge la pregunta: ¿qué papel desempeñan la ética y la filosofía en momentos de crisis?
En 1872, Nietzsche, en su texto “El porvenir de nuestras escuelas”, sostuvo: “La filosofía (la ética) debe partir, no ya desde la maravilla, sino desde el horror, quien no esté en condiciones de provocar horror debe recordar que conviene en dejar en paz la cátedra sobre las cuestiones pedagógicas”.
¿Cómo no sentir pavor ante la grave crisis capitalista, asumida por muchos con una pasmosa impasibilidad?
Esta catástrofe se evidenció desde la crisis inmobiliaria de 2008, cuyas consecuencias aún se sienten con mucha fuerza. A ello se suman las medidas del presidente del norte contra los inmigrantes, así se denota el grave problema, con la quiebra de grandes empresas, que en otro tiempo reportaban inmensas ganancias.
A esta realidad se añade la crisis ambiental, generada por el efecto invernadero, la inmensa contaminación en mares y ríos, y la gran dificultad de nuestra “Pachamama” para reabsorber el monóxido de carbono (CO₂). La deforestación masiva de los bosques y el cambio climático, agravan la situación. El mandatario del norte insiste en que todo se trata de una conspiración, pero las crisis son palpables: la tala de árboles es visible y el uso del carbón, el gas y el petróleo para producir energía, tienen efectos devastadores.
Mientras tanto, algunos gobernantes muestran displicencia en la toma de medidas urgentes. El Protocolo de Kioto, que proponía reducir un 5 % de las emisiones, no se cumplió. El reto de reducir un 25 % de estas emisiones para el año 2050 está muy lejos de alcanzarse. Estados Unidos, uno de los principales contaminadores, se retiró del Tratado de París.
El aumento de la temperatura global se siente en todo el planeta y se ha acelerado, en poco tiempo, de manera dramática. Los golpes de calor que sufren las personas son cada vez más frecuentes. Esta crisis ambiental también conlleva directamente a una crisis alimentaria. Según la ONU, más de 25.000 personas fallecen cada día por causas relacionadas con el hambre. Esto significa que, cada año, mueren más de seis millones de niños, menores de cinco años y que 733 millones de personas en el mundo pasan hambre, una cruel vergüenza para la humanidad.
Son datos muy tristes. Hace algunos años, Ignacio Ramonet señaló que las necesidades nutricionales y sanitarias del planeta podrían solucionarse con 13.000 millones de euros; en plata blanca, el mismo dinero que los habitantes de Estados Unidos y la Unión Europea gastan anualmente en perfumes.
Por otro lado, debe mencionarse el problema de la pobreza mundial. Temas como la esclavitud laboral, la mano de obra barata o mal pagada, son el pan de cada día. Cada vez se observa una mayor precarización en las condiciones de trabajo.
Según el Banco Mundial, el 10 % de la población mundial vive con menos de 2,15 dólares diarios, lo que equivale a 736 millones de personas en pobreza extrema.
A esto se suma una crisis civilizatoria, derivada del aumento demográfico. En el planeta ya vivimos más de 8000 millones de personas. Se observa una lucha denodada y salvaje por la perpetuación de la existencia de cada individuo. El hombre se ha convertido en un lobo para el hombre.
Es urgente, entonces, establecer un control demográfico, con planes bien diseñados, donde se regule de manera seria el tema de la procreación. Se trata de un asunto de vida o muerte.
Immanuel Kant, en su ética de los deberes, enseñaba: “Haz de tus obras, por pequeñas que sean, que se conviertan en una ley universal”.
De verdad, todo no está perdido. En estos días, miles de personas se congregaron en Barcelona para desear buen viento y buena mar a una flota de barcos que zarpó desde ese puerto, con más de trescientos valientes a bordo, tripulada por activistas de más de 40 países, integrantes de la expedición Global Sumud Flotilla. Israel, por medio de su ministro, el radical Ben-Gvir, los amenaza y ya los están tildando de terroristas. En Gaza no solo se juega la vida de más de 2 millones de palestinos. Se juega el futuro de la humanidad. En estas embarcaciones van quienes aún creen en los derechos humanos, quienes no aceptan la injusticia, como destino de la humanidad, ellos están rompiendo sus miedos para quebrar el genocidio que se está realizando, incluyendo el hambre como arma de guerra.
Por otro lado, la prensa internacional informa que Turquía está rompiendo relaciones económicas y comerciales con Israel, cerrando su espacio aéreo, en protesta por la ofensiva en la Franja de Gaza.
Adenda 1.
En nuestro país, un candidato de izquierda ha señalado lo que será su estilo de campaña: “No responderé con insultos, ataques personales, ni campañas difamatorias. Como ha sido mi práctica durante toda mi vida política, me guiaré por el principio del respeto, que no significa renunciar al debate, sino ejercerlo con firmeza, coherencia y altura…”. Que bueno que todos los candidatos siguieran una línea de coherencia pacifista.
Adenda 2.
Enrique Peñalosa se atreve a decir lo que muchos callan sobre Abelardo de la Espriella: “¿Abelardo De La Espriella? Pues bienvenido, pero quiero ver a alguien que haya trabajado por los pobres y no a alguien que haya sido abogado de personajes que tumbaron a cientos de miles de pobres".
