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Columna

Fiesta tricolor: nos vemos en Norteamérica

De la clasificación al mundial en el Norte y otras anécdotas mundialistas de la selección colombiana de fútbol.

Juan Dosa Acevedo

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El pasado 4 de septiembre de 2025, la selección colombiana de fútbol logró, jugando una cómoda localía, la hazaña de clasificarse a la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2026 (en adelante United 2026). Hazaña porque la selección quedó por fuera del pasado mundial, el del 2022 que se jugó en un extraño Qatar (país sin tradicional futbolera y con inmensa riqueza petrolera), y porque a una fecha de terminar la eliminatoria, logró sus tiquetes para disputar el máximo trofeo deportivo (después de los Olímpicos), en tierras de Trump.

La clasificación de 2025 le da a la selección colombiana su tercera clasificación mundialista de lo que va el siglo XXI (la primera fue a Brasil 2014 donde tuvo la mejor participación de su historia, quedando cerca de la semifinal, y la segunda a Rusia 2018, donde fue eliminado en octavos de final) y la séptima de toda su historia, contando con las ediciones de Chile 1962, Italia 1990, Estados Unidos (la primera edición) en 1994, y Francia 1998.

Su primera vez mundialista llevó a nuestros cafeteros a las tierras australes, en plena era del yeyé y el go-go, cuando iniciaba la segunda etapa del Frente Nacional con el conservador Guillermo León Valencia (el renombrado abuelo de Paloma Valencia), los Beatles estaban empezando a grabar, y Elvis se desvanecía entre películas de adolescentes y pérdida de frescura musical. Aunque la sele no pasó de primera ronda, se le recuerda por el heroico empate 4-4 contra la Unión Soviética y el mejor arquero del mundo, y por el primer y único gol olímpico de la historia de los mundiales.

Tuvimos que esperar hasta 1989 para volver a soñar con un mundial de fútbol, cuando a pesar de quedar eliminados de la ronda continental, y en medio de la violencia del narcotráfico, las guerrillas y los paramilitares, luego de la muerte de Galán, del coronel Franklin, de Antequera, el atentado a Samper, la masacre de la Rochela, la suspensión de la liga nacional por la muerte de un árbitro, y antes de las bombas al avión de Avianca, al DAS y al Espectador, en Tel Aviv se selló la clasificación por repechaje, ante Israel, luego de un sufrido empate y de venir ganando de Barranquilla 1-0.

En Italia, Colombia jugó y gustó, a pesar de ser eliminada en octavos de final, se convirtió en un referente internacional, un técnico estrella como Maturana, y jugadores de la talla de “El Pibe”, “El Loco” Higuita, “Bendito” Fajardo, Rincón, Redín, Escobar, Leonel, etc. Jugaron como nunca, y su sufrida y gloriosa temporada sirvió para disipar un poco el dolor en que vivía el país, después de una oleada de muertos, bombazos y secuestros que apenas empezaban en ese verano de 1990.

Esa selección dejó antojada a la prensa internacional desde Italia, y las eliminatorias solo hicieron aumentar la esperanza: el 5 de septiembre de 1993, es decir, hace 32 años, la tricolor goleó 5-0 a la selección argentina, en su propia casa, y ante la mirada impávida del propio Maradona, quien no jugó, pero estaba presente, viendo impotente la paliza que los colombianos les propinaron en su propio terruño. Hasta el propio Rey Pelé declaró su favoritismo por nuestro equipo. Sin embargo, llegados a Estados Unidos, el sueño se esfumó, y con ellos hasta la vida de Andrés Escobar, a quien se culpó de la eliminación por un confuso autogol. Aquí nos quedamos sin mundial, y Samper sin poder gobernar, o al menos eso se la pasó diciendo desde su posesión días después.

En 1998, Samper entregaba el poder a su malsufrido perdedor de 1994, Andrés Pastrana, y el país vivía sus peores mejores días (porque la era Pastrana no fue tampoco un remanso de paz). Ese año, el mundial se celebró en Francia, y un honroso tercer lugar dio a Colombia el pase directo a tierras galas. Allá también brillaron por su sufrida participación, y como siempre el arquero sacó la cara por el equipo. Ya no dirigía Maturana, estaba su asistente Hernán “Bolillo” Gómez, un aguerrido “Tino” Asprilla, que encantó en Estados Unidos, no jugó en París por criticar al técnico quien lo desconvocó (con la complicidad de sus compañeros), el último mundial del Pibe, que intercambió camiseta con Beckham después de la eliminación de la sele, y un gigante como Faryd Mondragón, digo sucesor de El Alacrán. Fue un 22 de junio, en Lens, que cada uno regresó a sus casas, y aquí la casa se estaba incendiado de a pocos. Meses después nací yo, sin haber visto nunca lo que ya les conté.

Después de ese adió en Lens, pasó Pastrana y la paz, pasó Uribe 2 veces y la paz, llegó Santos 2 veces y firmó la paz, y de hecho antes que expirara su primer intento, la sele volvió a clasificar a un mundial, hecho que los menores de 30 años recordamos tan bien que no se necesita hablar de ello. Será para dentro de 4 años cuando Colombia esté luchando por su clasificación a la península ibérica en 2030, cuando ya nadie se acuerde que Petro alguna vez jugó a ser presidente, y fracasó.

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