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Columna

El resentido: peligro democrático

“El resentido es combustible para todos aquellos partidos y movimientos políticos que predican la revolución...”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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Decía Schumpeter, si no me falla la memoria, que el resentido es en política aquel que, habiendo recibido una educación y formación académica, no encuentra un trabajo y un lugar en la sociedad que satisfaga sus expectativas. Derivado de esto, genera un fuerte resentimiento contra una sociedad que considera que le ha estafado al prometerle falsamente que, si hacía su parte del trato, estudiar y formarse, ella haría la otra parte, darle un trabajo, un sustento y un plan vital.

El resentido es combustible para todos aquellos partidos y movimientos políticos que predican la revolución, la destrucción de todo lo existente y su substitución por un mundo ideal en el que habrá justicia, los corruptos recibirán su merecido y los buenos serán recompensados. El resentido, decía Schumpeter, es el candidato idóneo para ser seguidor e incluso dirigente de los totalitarismos, ya sean fascistas o socialistas.

Un sujeto con mucho que odiar, con poco que perder y con la suficiente formación para hacerlo mucho más peligroso que el simple muerto de hambre o desesperado, campesino u obrero, que alimenta con sus huesos el horno de las revoluciones.

El resentido suele ser hijo de las clases medias o de las populares que aspiran a que sus hijos sean clases medias. Suele ser un sujeto urbano. Suele tener conocimientos superficiales y de baja calidad, tan baja como para no permitirle encontrar un trabajo acorde a lo que él piensa que son sus merecimientos, pero suficientemente elevada como para hacerle ir más allá de creer que todo sucede porque el destino, Dios o la fatalidad así lo han querido (como les pasaba a las clases populares de antaño). El resentido razona que alguien ha de tener la culpa de sus desgracias, que, por supuesto, ese alguien no es él y que, en definitiva, ese alguien debe pagar por todas sus frustraciones.

Hoy en día abundan los resentidos. Es uno de los efectos no buscados de la educación pública y de la subida de rentas de las clases populares. No son analfabetos como lo eran sus padres, creyeron que les iría bien en la vida, se descubren malviviendo con sueldos escasos o sin empleo y no aceptan que su situación puede ser causa de ellos y sus decisiones, de que la transformación económica de una sociedad lleva tiempo, o de cualquier otro motivo. Para ellos la culpa es de los otros, los que tienen, los que están arriba. El resentido vota y en la era del Populismo es un peligro para la democracia.

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