Debió ser un lujo verlos pasar de lo humano a lo divino sin pestañear. Caminaban cual orates, hablando solos cuando en realidad estaban analizando pros y contras de sus decisiones como gobernantes, mientras con el rabillo del cerebro restante organizaban fórmulas matemáticas, craneaban hermosos poemas o buscaban explicaciones a fenómenos naturales otrora explicados con mitos.
Se los llamó Los Siete Sabios y hace 2.500 años fueron científicos, filósofos, artistas, legisladores, estadistas, que con prudencia cambiaron su tiempo, construyeron Grecia, la democracia, la historia occidental, el futuro de la humanidad y nuestro presente, todo en una.
Tales de Mileto, además de matemático y astrónomo, sentó las bases de la filosofía explicando la naturaleza mediante la razón. Solón, poeta, se daba tiempo para organizar el estado al promover una especie de parlamento, el Consejo de los Cuatrocientos, la Heilea, un tribunal de justicia, mientras le restaba poder al ejecutivo representado por él, al tiempo que daba el primer paso en la historia para abolir la esclavitud. Pitaco de Mitilene, luego de un buen gobierno, supo hacer lo que muchos hoy no aprenderán jamás: renunciar al poder tras fracasar.

Menos resoluciones, más seguridad jurídica
Iván Martínez IbarraBuscando ejemplos contemporáneos solo vemos a los extintos Mandela y Mujica. En el país del norte un grotesco mercader destruye de un plumazo libertades ancestrales, más de un siglo de evidencia sobre las vacunas y casi derrumba los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés). O eso piensan más de 20 organizaciones médicas que piden la renuncia del secretario de Salud (el equivalente del ministro de salud).
Y mientras se autoproclama para Nobel de Paz promueve guerras y genocidios. En Europa y en los organismos internacionales solo hay burdos remedos que hacen pensar a muchos que nuestro presente está entre las peores horas de la humanidad. Ni qué decir del patio vecino, ni nuestra propia casa, donde palabras como sabios o estadistas ni existen. La prudencia, el liderazgo, la visión a largo plazo y la ética son utopías. Hoy la verborrea suplantó a la inteligencia, la megalomanía aplastó toda prudencia, la egolatría desplazó a la sabiduría, la beligerancia destruyó toda mesura, los excesos reemplazaron al mérito y la calumnia aplastó la verdad; mercachifles de las redes sociales que con magistral desidia pretenden exterminar su insania borrando con el lápiz de su ineptitud una sola letra, mientras legitiman sus mentiras con hordas de áulicos o desadaptados que sin pensar acogen cualquier locura como verdad absoluta. Tal vez, pensando en ellos fue que Bías de Priene, uno de los siete, dijo: “La mayoría son malos”.
