comscore
Columna

Del odio al amor

La solución no está en nuevas armas ni en más fronteras; está en rescatar la frase más simple y poderosa jamás pronunciada en los últimos tiempos: ‘Amaos los unos a los otros’”.

VIVIAN ELJAIEK JUAN

Compartir

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, uno de los mandamientos que Jesús nos ha enseñado a través de las escrituras. Una invitación sencilla, poderosamente transformadora, pero que hoy parece más una utopía en un mundo donde la polarización, la violencia verbal y la indiferencia se han normalizado.

¿Cómo hemos llegado a sembrar tanto odio entre nosotros mismos, nuestros vecinos y en el mundo entero? Y, sobre todo, ¿cómo podemos revertirlo? El odio se engendra en la desconfianza, en la falta de empatía y en la sensación de amenaza constante. Lo vemos en las guerras que arrasan naciones, en los discursos políticos cargados de rencor, en las redes sociales convertidas en campos de batalla.

Cada palabra hiriente, cada gesto de intolerancia, añade una gota más al océano de resentimiento global; pero este océano, que parece inabarcable, puede empezar a evaporarse con una sola acción: amar. Amar no es un acto pasivo, ni una emoción superficial; es una decisión consciente de cada ser humano. Significa mirar al otro, incluso al que piensa distinto, con dignidad y respeto. Significa anteponer el bien común a la vanidad personal. Significa tender la mano en vez de cerrar el puño. El odio no se combate con más odio; se disuelve con comprensión.

Cuando alguien nos hiere, la respuesta natural es devolver el golpe, real o simbólico; pero la enseñanza que nos dejan las escrituras -y que tantas filosofías coinciden en reafirmar- es revolucionaria: romper el ciclo. Transformar el odio en amor no es tarea fácil, pero sí posible. Empieza en lo más pequeño: en cómo hablamos a nuestra familia, cómo tratamos a un desconocido, cómo reaccionamos ante la diferencia. Si cada uno decide amar un poco más, el mundo entero cambia. El amor no es ingenuidad, es la herramienta más realista para resolver nuestros problemas en la sociedad. Hoy la humanidad necesita menos gritos y más abrazos, menos fronteras y más puentes. El amor es la única revolución pendiente. Y empieza con un acto simple: mirar al otro y decir, con la vida y con los hechos: “Te respeto, te escucho, te valoro”.

¿Qué pasaría si decidiéramos cambiar la narrativa? ¿Y si el amor dejara de ser un concepto romántico para convertirse en una herramienta política, social y cultural? La historia nos ofrece ejemplos claros: Gandhi derrotó un imperio sin disparar una bala; Mandela evitó una guerra civil apostando por la reconciliación. Hoy, en cambio, preferimos gritar en lugar de escuchar, ignorar en lugar de dialogar. Si cada uno empieza por su entorno, la humanidad entera da un paso hacia la paz. La solución no está en nuevas armas ni en más fronteras; está en rescatar la frase más simple y poderosa jamás pronunciada en los últimos tiempos: “Amaos los unos a los otros”. Tal vez sea nuestra última oportunidad.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News