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Columna

Empleos dignos y formales

“Si entre todos no se asume este componente como un reto de la mayor trascendencia, no vamos a cambiar nada como ciudad...”.

RAÚL PANIAGUA BEDOYA

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Una de las constantes de cualquier extranjero que viva en Cartagena por varias semanas es su incomprensión por la riqueza y oportunidades de la ciudad y por la pobreza de amplios sectores de su población. Una observación especial es sobre el elevado porcentaje de personas empleadas informalmente. Esta situación es fácil de evidenciar en el campo del turismo, donde se puede constatar que muchos (no todos) los negocios de empresarios extranjeros tienden a proporcionar empleos estables o a formalizar a sus empleados y generalmente pagan mejor que en negocios similares operados por locales.

La informalidad laboral, los empleos por horas o el trabajo a destajo, por resultados o por metas, la ausencia de los más elementales derechos laborales, el rebusque o el trabajo por cuenta propia, como eufemísticamente se le llama, esconde una dramática situación que con muy pocas excepciones se visibiliza y menos aún, se asume con políticas públicas y con acciones decididas. Si entre todos los actores que convergen en la ciudad, no se asume este componente como un reto de la mayor trascendencia, no vamos a cambiar nada como ciudad, ni en el corto ni en el mediano plazo. Lo peor aún es que existen tendencias y evidencias, en todo el mundo, de las cuales no somos ajenos, que indican que las formas de empleo como las conocimos en el siglo XX están desapareciendo rápidamente y el empleo va a desaparecer muy rápidamente. La consecuencia: todos los males que se desprenden del desempleo y de la informalidad van a aumentar y a complejizarse.

Creo que el problema no necesariamente pasa por aumentar las políticas y programas de emprendimiento, de primer empleo, de empleo juvenil y similares, aunque estas son válidas y necesarias. Si como sociedad, empresas y empresarios se hacen pequeños movimientos las cosas pueden empezar a cambiar. Por ejemplo, ¿cuáles son entre nosotros las características del empleo doméstico? ¿Cuántas de ellas tienen una remuneración que responda a lo que las leyes y las cortes han venido reconociendo? En el turismo, ¿cuántos restaurantes, hoteles, agencia y empresas de transporte tienen a sus empleados vinculados formalmente por medio de un contrato? Lo más seguro es que las empresas grandes tengan el grueso de sus empleados formalizados, pero lo particular es que estos no pasan del 10% de las empresas ni de la fuerza laboral vinculada.

Si las organizaciones de empresarios, las entidades privadas y mixtas y la administración distrital ponen sobre la mesa este tema, el panorama empieza a cambiar. Sin tener que esperar que vengan de afuera a exigir y demostrar que no hay voluntad para incidir en el problema.

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