La aparente cortesía de un cumplido o la imprudencia de un comentario desatinado, lejos de ser expresiones inofensivas, pueden operar como dispositivos de violencia. Reconocer estas formas de agresión constituye el punto de partida para construir una convivencia basada en el respeto y el reconocimiento mutuo, capaz de transformar nuestras relaciones sociales.
La tendencia a validar lo que se dice sin considerar su impacto en los demás contribuye a la reproducción de estereotipos que fomentan el conflicto y lesionan la integridad de las víctimas, afectando incluso su salud mental. Por más sutiles que parezcan, las agresiones convierten a las personas en blanco de dinámicas de poder e intimidación que afectan, de manera particular, su equilibrio emocional, psicológico y relacional.
La delgada línea que convierte un comentario en transgresión, encierra una tensión ética que desafía los límites del respeto. Se ha vuelto costumbre reducir, ridiculizar e incluso instrumentalizar la imagen tanto de hombres como de mujeres, revelando un mosaico de nuevas formas de violencia. Ejemplo de ello son ciertas publicaciones en redes sociales, cada vez más frecuentes y rápidamente convertidas en tendencia, que aluden a abusos o agresiones físicas y verbales, pobremente justificadas como cumplidos, bromas o simples manifestaciones de libertad de expresión, pero que en realidad pueden constituir formas encubiertas de hostigamiento.
Las relaciones humanas se encuentran atravesadas por tensiones; por tanto, se requieren procesos de formación que promuevan el respeto y la empatía, y fortalezcan la conciencia ciudadana, los derechos humanos y las competencias socioemocionales. Lo anterior, junto con la existencia de normas claras, contribuye a prevenir y reducir la reproducción cotidiana de la violencia, así como el riesgo de padecer afecciones mentales.
En este intríngulis, el respeto cumple un papel fundamental, en tanto constituye un pilar esencial para el reconocimiento de la dignidad de las personas. Por ello, cuestionar toda actitud dañina resulta imperativo, en tanto permite formar una ciudadanía consciente de sus derechos y deberes, capaz de identificar conductas que, aunque aparentan ser inofensivas, perpetúan formas de agresión simbólica que pueden escalar al plano físico.
En consecuencia, resulta imperativo visibilizar las múltiples manifestaciones de violencia y promover relaciones fundadas en el respeto, la dignidad y la equidad. De este modo será posible construir entornos donde se protejan los derechos humanos frente a cualquier forma de discriminación u opresión.
*Vicerrectora Administrativa Fundación Universitaria Colombo Internacional (Unicolombo).

