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Columna

Los peligros de un moruno

“El pobre hombre confesado y arrepentido de una vida lujuriosa y desordenada puso en manos del papa las sombras oscuras de su alma”.

Willy Martínez

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Lola ha aplazado su regreso a Colombia hasta después de las elecciones presidenciales. Quiere pasar la Navidad en Cartagena y quedarse una temporada, pero en Italia le han recomendado esperar el resultado electoral. Hemos conocido que su amante se queda en Roma, tiene el hígado hecho un desastre por el abuso del Ron Tres Esquinas en Cartagena y del vino espumoso Prosecco al llegar a Italia. No ha podido superar su hernia cervical y el dolor de espalda como consecuencia de los golpes que le dieron los serenateros que trajo de Barranquilla en el año 70. Recordarán que Lola lo sacó a escobazos de la casa del Callejón de los Besos donde la amaba con pasión y, luego, los músicos lo remataron con rudeza esperando el taxi en la Calle Real por negarse a pagar la cuenta. Nos han mostrado una foto donde el Santo Padre lo bendice. El pobre hombre confesado y arrepentido de una vida lujuriosa y desordenada puso en manos del papa las sombras oscuras de su alma.

Papo Luca me dice que le preocupa el amante de Lola, “menos mal no viene”, repetía una y otra vez: “Me puede lanzar un misil y desaparecerme”. Papo metió la pata cuando le dijo a la Policía que él conocía los morunos que le robaron a Lola y eso puso en alerta al amante. Había un rumor que Papo hacía un “corre base” saltando paredillas vecinas para salvar el pellejo cuando su rival llegara.

El callejón lleno de tensión pasaba momentos difíciles, todo por culpa de los dichosos morunos Dolce Gabbana de Lola. El Callejón de los Besos y parte de la Miramar descansaron cuando los amantes abandonaron la casa y partieron rumbo a Italia en el barco ‘Donizetti’. Yo recuerdo, y lo comenté alguna una vez con Martha Foschini, Eduardo García y el Mono Stevenson, que Papo Luca lloró a Lola por meses, aunque él decía que no y culpaba sus penas al dolor que le produjo una novia oriunda de Arenal que lo dejó por un cachaco. Pero todos sabían que Papo duró mucho tiempo para reponerse, hasta que le recomendaron una consulta con Carol Rumié, un sabio en todos los menesteres de la vida, un clarividente del alma y del corazón que puso punto final a la obsesión de Papo.

Seguiremos esperando a Lola y el día que aparezca haremos la anunciada fiesta. Claro que a Papo Luca lo despachamos para Arenal y así le salvamos la vida. La experiencia le ha enseñado que no hay peligro más grande en la vida que encontrarse de frente con un moruno Dolce Gabbana y ese riesgo no lo puede volver a correr.

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