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Columna

Cine, higiene y el bombardeo de Caño de Loro

“En 1950, de las 17 mil casas que tenía la ciudad, solo 5 mil contaban con servicio sanitario adecuado; 9 mil tenían letrinas y en más de 3 mil se quemaban desechos humanos...”.

RICARDO CHICA GELIS

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El jueves 21 de septiembre de 1950 una cuadrilla de aviones B-25 y F-47 soltaron 9 mil libras de explosivos TNT sobre el lazareto de Caño de Loro, en la Isla Tierra Bomba. El estropicio duró hasta el domingo, mientras las gentes miraban el operativo, cual película de guerra, apostadas en los márgenes de la Bahía de Cartagena. Seis meses antes habían embarcado unos quinientos leprosos en un avión de carga que hizo nueve vuelos entre este puerto y Flandes (Tolima), para destinarlos a Agua de Dios (Cundinamarca).

La lepra es un padecimiento de gran carga simbólica, asumida al castigo divino, lo que condenó a los enfermos al ostracismo, el desprecio y la exclusión. Enfermedad recurrente desde La Colonia, motivó la aparición del Real Hospital de San Lázaro, en Getsemaní, a finales del siglo XVI. De ahí se traslada hacia el Camino Real (en lo que hoy conocemos como Pie del Cerro), hacia principios del siglo XVII. Cuando aparece el Fuerte San Felipe de Barajas, a mediados de ese siglo, se proyecta su reubicación en Tierra Bomba que, se cree, se llevó a cabo entre 1784 y 1789, hasta cuando lo bombardean en 1950, y estaban en boga masivas campañas de higiene, porque en Cartagena no había alcantarillado.

¿Qué motivó el bombardeo? Se trató de una solución militar a un problema higiénico, a la luz de los documentos institucionales, que dan cuenta de la decisión que se tomó en Bogotá. El operativo se ejecutó con la asistencia militar de Estados Unidos de América y en el contexto de la Guerra Fría, cuando la lepra se equiparaba al comunismo. El médico Guillermo Muñoz Rivas, lo dejó claro: “El bombardeo es un ejercicio de tiro al blanco” en el marco de la campaña antileprosa.

En 1950, de las 17 mil casas que tenía la ciudad, solo 5 mil contaban con servicio sanitario adecuado; 9 mil tenían letrinas y en más de 3 mil se quemaban desechos humanos. En promedio morían tres niños diarios “en los meses de mosca y calor” (El Universal, 2 julio 1954).

Había 29 cines y cada noche la gente aliviaba el dolor propio en el dolor ajeno de las pantallas. La ausencia de alcantarillado mataba más gente que la lepra y la Dirección de Higiene Municipal proyectaba películas sobre construir letrinas; también en los cines se adelantaba la campaña ‘La gota de leche’, para mitigar el hambre en los infantes.

Como prevención del comunismo se censuraron guiones a través de la ‘Lista negra de Hollywood’. Tal paranoia finalizó con ‘Espartaco’ (Kubrick, 1960), cuyo guionista Dalton Trumbo escribió estando preso. Para 1963 ya todo el mundo conocía la película en Cartagena, cuando su protagonista Kirk Douglas llegó al Festival de Cine. Por su parte, los bombardeos continuaron donde no había lepra: Villarrica (1955) y Marquetalia (1964).

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