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Columna

Los objetivos de desarrollo interior (ODIs)

“Ningún joven abandona su camino cuando siente que alguien cree en su talento, lo escucha y lo orienta...”.

Mayra Rodríguez Osorio

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Vivimos en una sociedad que se empeña en enseñar a los jóvenes qué deben ser, pero pocas veces se detiene a descubrir quiénes ya son. Desde pequeños, los llenamos de información, de reglas, de expectativas y de comparaciones, olvidando que dentro de cada uno existe un universo de talentos esperando ser reconocido.

A eso me refiero cuando hablo de los “Objetivos de Desarrollo Interior (ODIs)”: esos dones naturales, esas inclinaciones que no se aprenden, sino que nacen con nosotros. Algunos lo llaman vocación, otros, propósito, pero en el fondo son la materia prima de todo desarrollo humano.

Un joven con talento para crear, para construir, para sanar o para liderar, no necesita que lo moldeen como si fuera arcilla, sino que lo acompañen a pulirse como un diamante. La tarea de padres, educadores y líderes no es imponer caminos, sino guiar procesos; no es dictar órdenes, sino descubrir potenciales.

Por eso, las escuelas tienen una misión fundamental: identificar y guiar los talentos de cada joven. Cuando la educación se convierte en un espacio de acompañamiento y descubrimiento, la deserción estudiantil deja de ser una estadística y se transforma en una oportunidad de crecimiento. Ningún joven abandona su camino cuando siente que alguien cree en su talento, lo escucha y lo orienta.

Cuando un joven se conecta con su talento innato, florece. Su autoestima crece, su mente se expande y su energía se enfoca. Pero cuando se le obliga a ser alguien que no es, aparece la frustración, la inseguridad y la pérdida de sentido. Por eso, la verdadera educación debería ser una búsqueda interior, no una competencia exterior.

Como sociedad, debemos empezar a ver el desarrollo no como un molde, sino como un despertar. Cada talento es una semilla diferente que requiere un terreno distinto. Si entendemos esto, construiremos generaciones más libres, más conscientes y, sobre todo, más felices.

El éxito no está en tener más, sino en ser más: Más auténtico, más conectado, más fiel a lo que uno lleva dentro. Ahí, en ese espacio íntimo donde habita el talento natural, comienzan los verdaderos “objetos de desarrollo interno”.

La contribución de la agenda 2030 de las Naciones Unidas – Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) va más allá de la enseñanza; busca garantizar una educación inclusiva, equitativa, de calidad; ahí es donde entran los ODIs: metas propias de cada institución que refleje sus compromisos, desde su misión y contexto.

Tantos talentos sacados desde los ODIs como Shakira, Karol G, Carlos Vives, como vinculan su trayectoria artística con proyectos de impacto, comunidad y culto, Julio Teherán, Luis Díaz, James Rodríguez, Jorge Carrascal, Giovanny Urshela... lista interminable.

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