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Columna

No se orine en el mar

“Si no acogemos esta medida, corremos el riesgo de que la DIMAR obligue a cada bañista a usar un retrete portátil...”.

Mauricio Ibáñez

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Mediante una circular expedida en marzo del 2024, la DIMAR, haciendo referencia a la resolución 220 del 2020, “reitera la exigencia… para las naves menores que cuenten con sanitario a bordo, acerca de la instalación y/o uso del tanque de retención de aguas sucias abordo, con el fin de evitar la contaminación al medio marino en la jurisdicción”.

Las embarcaciones menores encajan dentro de un tamaño máximo de 24 metros, y pueden ser tanto de recreo como de trabajo. La mayoría de estas naves cuenta con licencia de navegación costera, es decir, dentro de límites entre las 5 y las 12 millas náuticas costa afuera, o sea, dentro del mar territorial.

Para una longitud de 24 metros de eslora existen varios tipos de lanchas de recreo: las hay con motores fuera de borda, sin cabina interior para pernoctar, las cuales, salvo alguna situación anómala, se asumen regresadas a su sitio de parqueo el mismo día, o arribadas a un muelle/isla/hotel para pasar la noche. Otras lanchas cuentan con una o más cabinas con sus respectivos baños/sanitarios que sirven a los pasajeros o tripulantes para dormir en un fondeo seguro. Estas suelen ser más grandes y muchas tienen motores internos diesel de gran potencia.

Hay una enorme diferencia entre las primeras lanchas, generalmente más pequeñas, que cuentan con un retrete de cortesía, y que puede ser usado en caso de necesidad máxima, con paso directo al mar mediante una pequeña bomba; generalmente se usa para orinar.

La resolución referida arriba y reiterada por la DIMAR se sustenta en que orinar en el mar lo puede contaminar. Es por esto que, desde entonces, todo tipo de lancha que cuenta con un retrete de cortesía, sin importar el tipo de navegación al que está limitada por su tipo de licencia, debe contar con un tanque de aguas sucias, así sea que sus pasajeros o propietarios no lo usen, o que los mismos decidan, mientras disfrutan flotando o nadando en las siempre regenadoras aguas de mar, vaciar sus vejigas.

Por este mismo motivo, recomiendo a los amigos visitantes de todas las playas de Cartagena, incluso habitantes de zonas insulares, que por ningún motivo vayan a orinarse en su chapuzón marino, sea este de vacaciones, deporte, trabajo o simplemente para darse un fresco y relajado baño. Por supuesto, la necesidad conocida como “número 2” está fuera de toda consideración, aunque muchas veces he visto flotando “submarinos” traídos por corrientes traicioneras desde cercanos horizontes de nuestra bahía. Si no acogemos esta medida, corremos el riesgo de que la DIMAR obligue a cada bañista a usar un retrete portátil, y por qué no, quién sabe si hasta a los mismos peces y pájaros que usan el mar como su gran sentina natural algún día se les obligue a lo mismo.

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