Pasada un mes desde las elecciones de consejeros de juventudes de Colombia, considero prudente pronunciarme sobre los resultados electorales de la jornada del domingo 19 de octubre de 2025, jornada que fue opacada e ignorada a propósito por el establecimiento para magnificar esa costosa consulta petrista del 26 de octubre, cuyo resultado estaba cantado prácticamente desde su anuncio, y que no hace justicia al resultado de las elecciones inmediatamente anteriores. Por considerarlas irrelevantes, solamente me referiré a las elecciones jóvenes de la semana inmediatamente anterior.
La oposición volvió a comandar
No considero correcto agrupar al Partido Conservador en el bloque de la derecha, porque la división clásica de “derecha” e “izquierda”, si bien tiene su origen en la sangrienta y nada civilizada Revolución Francesa, son términos netamente liberales, y el conservadurismo escapa naturalmente de esa visión. Por eso me referiré indistintamente a los partidos de derecha y el conservadurismo, simplemente como oposición.
Ahora bien, los resultados de las elecciones jóvenes, las segundas en la historia de Colombia, y las últimas que yo viví como candidato (porque para 2029 tendré más de 30 años), muestran resultados interesantes, fiel reflejo de la histórica composición política y nada predecible, si se tiene en cuenta que la mayoría de la juventud colombiana dice sin entenderlo muy bien, que se considera de izquierda.
El Partido Liberal, eterno rival de mis compadres godos, nuevamente se quedó con un honroso primer lugar, con el 10,17% de los votos según los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil, tan atacada y vilipendiada por el “digno” representante del clamor popular, que se sienta hoy en el solio de Bolívar, con “sobrados” méritos y “virtudes” ciudadanos ya conocidos.
Como lo indique ya hace varios años en mi trabajo de grado para obtener mi título de abogado, los liberales han triunfado en todas las elecciones colombianas desde 1958 gracias a una vieja estrategia conocida como “Operación avispa”, que consiste en consolidar pequeños grupos por todas las regiones del país, para ver cual de estos grupos o listas logra posicionarse lo suficientes. Es algo así como atomizar las bases e inundar de publicidad al electorado hasta convencerlo de votarles. No lo vi en Cundinamarca, pero en las regiones, los resultados los respaldan.
En segundo y no menor lugar, el Partido Conservador, mi partido, demuestra que a pesar de lo que digan en las redes sociales y en la calle, seguimos más bravos y vivos que nunca. Decía el magnífico Álvaro Gómez Hurtado (Q.E.P.D.) que brotan frescas las solidaridades de sus miembros, y no se equivocó; hicimos una campaña unificada, sincera, amable y fresca, y el electorado nos respaldó con el 6,78% de los votos. Nuevamente los liberales nos llevan la delantera por 4 puntos.
La sorpresa para todos, incluso para mí, fue que el Centro Democrático, tan demonizado en redes sociales por la juventud, y uno que otro resentido mayor de 30 años, quedó en un tercer lugar, cotizadísimo por fuerzas políticas de menor importancia, pero con mayor impacto en los jóvenes. Sorpresa fue la que nos llevamos en Bogotá, donde ganaron en casi todas las localidades de la ciudad y desbarataron ese mito absurdo que la capital es progresista. El expresidente Uribe demuestra con eso que su escuela de formación ha sido exitosa y que, a pesar de sus múltiples polémicas, su legado parece no tener fin.
El establecimiento fue castigado
Mientras los adultos se vuelcan de manera incomprensible por el vástago electoral del presidente, personaje que conocí hace un año en el Congreso durante los eventos del 9 de abril y que no hace justicia a los ejércitos mediáticos en torno a su ensalzada figura, la juventud, que supuestamente es toda de izquierda, combativa, rebelde y no se que más adjetivos trasnochados y vetustos, demostró que no le votan a Petro.
El oficialismo sufrió un durísimo revés a nivel nacional, y es que hasta en la capital les fue terriblemente mal, salvo en dos localidades, Rafael Uribe Uribe y Ciudad Bolívar, y creo entender por qué. Este fue un campanazo de altera que el presidente debe oír y al que debe prestar atención, porque le resta importancia, magnificando en su lugar los resultados predecibles y obvios de su flamante consulta interpartidista. Difiero aquí de mi querida Jeróme Sanabria, las elecciones jóvenes no fueron un quemadero de dinero, lo fue la consulta petrista.
Señor presidente, dese cuenta, la juventud ya no le camina, no le cree, no le compra su discurso trasnochado, macondiano y ancestral. Eso debería darle una idea de su gestión. En 2022 el decir y el sentir era que la juventud (y nunca estuve de acuerdo con eso), fue la que eligió presidente de Colombia. Hoy, a menos de un año de las elecciones, este revés demuestra que la juventud, a menos que algo extraordinario s($)uceda, no está en sintonía con usted ni con su proyecto. Las urnas fueron el justo castigo de sus escándalos y su miopía, porque prefirió favorecer a sus cercanos y luchar por los derechos de otros pueblos, en lugar de apersonarse de los problemas de sus compatriotas.
La pérdida del oficialismo de Bogotá también demuestra la confirmación de una tendencia internacional: el mundo político está virando hacia la derecha (salvo contados casos de masoquismo como Chile), y Colombia no está fuera de la tendencia. Los valores tradicionales están volviendo a través de las redes sociales, la música, el arte y el surgimiento de líderes de derecha populares entre los jóvenes.
La incertidumbre: la polarización
Además de ensalzar el trabajo de la Registraduría, que esta vez sí se tomó la tarea de hacer campañas de promoción y pedagogía del proceso electoral (y muestra de ellos fue que descendió considerablemente el porcentaje de votación nula en comparación con 2021), debo de reconocer que esta campaña fue una de las más intensas, pero al mismo tiempo, de las más amables que haya podido vivir en mi corta vida.
Los jóvenes demostramos que, a pesar de nuestras diferencias, a nuestra edad no son abismales ni irreconciliables, y que podemos trabajar juntos en pro de una misma causa. Estoy seguro que quienes no resultaron elegidos no van a albergar sentimientos ni pensamientos revanchistas, sino que van a colaborar con sus amigos consejeros, sea cual sea su ideología o movimiento, porque nuestra causa es común: el bienestar de la juventud colombiana.
Sin embargo, me preocupa el panorama de cara a las elecciones presidenciales de 2026: se parece nuestro mapa político a una colcha de retazos, de esas que nuestras madres o abuelas tejían para nosotros. Hay más candidatos que partidos políticos, y siendo Colombia un país tan laxo para esos menesteres, la comparación preocupa.
No sé cual se la estrategia, de saturar las redes y los medios de comunicación con tanto aspirante a suceder a Petro, pero cansa tanta saturación. Haciendo cuentas generosas, hay más de 100 candidatos entre aspirantes, inscritos, con dudas y hasta vulgares comodines de cara al congreso o al gabinete ministerial. Todos quieren una tajada del Estado, pero lo preocupante es que son muchas tajadas para tan pequeño pastel.
Además de eso, los mayores de 25 años, con posturas políticas ya establecidas, se están decantando por dos extremos muy peligrosos: El sucesor del nefasto gobierno progresista que nos oprime desde 2022, y la alternativa lógica, pero sin sustancia ni argumentos. La tendencia se centra en esos dos extremos, y en un tercero de carácter más neutral como es Sergio Fajardo, ya catalogado como el Serpa del siglo XXI.
La juventud demostró hastío por el gobierno, y es probable que no se repita lo del 2022, pero ¿y los mayores de 25 años? ¿votarán polarizados en una eterna espiral de odios y resentimientos? ¿o por el contrario aprenderán de la juventud, que organizada hizo sentir su NO rotundo a 3 años de ilusiones y promesas rotas? Yo le tengo fe a nuestra generación, que ha crecido (salvo ciertos casos específicos), aprendiendo a convivir con sus semejantes, sin juzgar, sin agredir, sin maltratar. Solo con ansias de trabajar por el país, como deberían hacer los mayores.
Sólo el tiempo y las elecciones dirán si la juventud, o todo el país, se despetrificó, y no en el sentido de oposición, sino de movimiento, de apertura, de actividad.

