Tras leer con acostumbrado interés su columna más reciente, que divulgaba aspectos del rodaje de ‘La Misión’ en nuestras tierras, le pedí al Dr. Ricardo Chica que me aclarase un rumor recibido acerca de la imponente banda sonora de Ennio Morricone. En algunos de sus números, se evoca ese repertorio sacro algo acartonado de los maestros coloniales, resignificado en su interpretación por las voces heterodoxas de coros de indígenas evangelizados, como en el ‘Ave María Guaraní’. Esta técnica de imitar un estilo ajeno se denomina “pastiche”, y con ella Morricone armoniza el traumático encuentro entre dos mundos sin perder su toque singular, logrando una magistral hibridación de lenguajes cuyo revés en los Óscar de 1986 generó una ola de indignación. El runrún sugiere que esas piezas fueron grabadas por un coro cartagenero en Santo Toribio —templo de imponente acústica—, lo cual es un dato plausible pero hasta la fecha sin corroborar.
Lo que sí es cierto, y que llevó al Dr. Chica a sugerirme el tema de la presente columna, es que Morricone también firmó la música de ‘Queimada’ (1969) y de la serie ‘Nostromo’ (1996), que —como ‘La Misión’— se rodaron en Cartagena. En ‘Queimada’, Morricone explora influencias africanizadas con un importante elemento coral, en lo que podría considerarse un precursor estilístico de ‘La Misión’: los clamores de libertad en ‘Aboliçâo’ anticipan las jubilosas interjecciones en ‘Vita Nostra’. Hilvanando diégesis con extradiégesis en su elaboración de un mundo sonoro completo, Morricone despliega una de sus melodías más bellas, elevando el oboe del padre Gabriel al rango de personaje en toda regla. Comparable integración entre trama y música solo acontece en obras maestras como ‘The Piano’ de Michael Nyman o ‘El violín rojo’ de John Corigliano. Como ellos, y en contravía de la norma gremial, Morricone siempre orquestó y dirigió su propia música, controlando cada detalle con la impecable técnica que le legaron sus años de estricto estudio con Petrassi.
La fértil genialidad de Morricone, plasmada en la prodigiosa y versátil obra que visita el recomendado documental ‘Ennio’, produjo en ‘La Misión’ un prototipo de sincretismo apto como modelo compositivo para nuestro entorno. En el Caribe colombiano, la escasez de dobles cañas (oboe, corno inglés, fagot, contrafagot) ha alejado al músico orquestal de abordar el grueso del repertorio histórico, que emplea críticamente estos instrumentos. Contra todo pronóstico, ese tema de ‘La Misión’ inspiró a un muchacho de Fredonia a estudiar el oboe: abriéndose paso con suma paciencia, a menudo sin profesor titular, Deyker Dalmaux sustentará su tesis como músico de Unibac en 2026. El impacto cultural de Morricone en Cartagena podría ser mayor de lo sospechado, y amerita un mejor escrutinio académico.
