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Columna

Desesperanza y ocaso demográfico

“Muchas parejas jóvenes se deciden por no traer niños al mundo, influencia extendida en nuestro territorio...”.

Christian Ayola

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La vida surgió en la Tierra hace aproximadamente 4.570 millones de años y, con ella, de forma consustancial, la muerte. Desde entonces, ambas realidades han sido inseparables, marcando el devenir de las especies. El Homo sapiens, como inquilino del planeta desde hace unos 315.000 años, ha regulado su presencia mediante los índices de natalidad y mortalidad, que determinan el crecimiento, la estabilidad o el declive de las poblaciones humanas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa experimenta una drástica disminución en sus tasas de natalidad y un aumento progresivo de las expectativas de vida. Este fenómeno ha derivado en la inversión de la pirámide poblacional, generando una crisis demográfica que ha sido parcialmente compensada por la inmigración proveniente de países orientales, especialmente de culturas musulmanas.

Este flujo migratorio ha traído consigo no solo mano de obra, sino también sistemas de creencias y prácticas culturales que, en ocasiones, entran en tensión con la tradición judeocristiana occidental. Los conflictos derivados de este choque cultural han sido evidentes en episodios ocurridos en suelo europeo, como el ataque en el que asesinaron a periodistas de la revista Charlie Hebdo y la posterior masacre del teatro Bataclan.

Cada sistema civilizatorio porta su propia concepción de la vida y la muerte y, en contextos de convivencia forzada, estas diferencias pueden convertirse en focos de tensión política, social y religiosa. América también ha comenzado a experimentar este fenómeno, como lo demuestran el ataque terrorista islámico en San Bernardino, y el atentado contra Salman Rushdie en New York; el reciente triunfo por la Alcaldía de esa ciudad, celebrado como diversidad democrática, conlleva a soslayar la latencia del conflicto cultural.

La película Niños del hombre (2007), basada en la novela de Phyllis Dorothy James, proyecta similar distopía para el año 2027, en la que la humanidad ha perdido la capacidad de concebir. En ese escenario, el embarazo de una mujer negra, inmigrante ilegal en Inglaterra, se convierte en un símbolo de esperanza y conflicto, desencadenando una guerra por su protección. Esta obra plantea una reflexión profunda sobre el valor de la vida en contextos de desesperanza demográfica y exclusión cultural.

En Colombia, las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) revelan una tendencia preocupante: en 2024 se registraron 445.011 nacimientos, una disminución del 13.7% respecto al año anterior. Paralelamente, las defunciones aumentaron a 275.778, lo que representa un incremento del 2.7%. Estos datos sugieren una pérdida progresiva en la calidad y expectativa de vida, y plantean interrogantes sobre el futuro demográfico del país. Muchas parejas jóvenes se deciden por no traer niños al mundo, influencia extendida en nuestro territorio, determinada por una seria de variables: tal vez la desesperanza junto al hedonismo sean las más importantes.

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