Debemos tomar como excelente noticia para Cartagena la aprobación, por parte del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, del Plan Especial de Salvaguardia del ‘Conjunto de Expresiones Culturales Asociados a la Champeta del Caribe Colombiano’, lo que significa no solo su ingreso a la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la nación, sino..., y tal vez más importante, el reconocimiento de una de las expresiones culturales más significativas de un amplio sector de la población de la ciudad y de la región, comunidades históricamente invisibilizadas, excluidas y desconocidas en sus expresiones culturales. La decisión del Consejo de Patrimonio Cultural pone fin a más de dos décadas de trabajo, insistencia, documentación de procesos comunitarios y diversidad de gestiones institucionales lideradas en forma tozuda por varias personas, debiendo destacar la labor incansable, comprometida y persistente de Rafael Escallón.
Este reconocimiento lo inscribimos en la misma línea de la incorporación de la ‘Vida de Barrio de Getsemaní’ a la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial el ámbito nacional, lo que convierte a estas manifestaciones, con un mismo trasfondo cultural, en expresiones que dan cuenta de elementos fundantes de la cultura de la Cartagena de hoy, de sus valores, sentimientos y percepciones; lo que es además una evidencia de eso que se proclama por escrito, pero parece que se niega en la realidad, del carácter multiétnico y pluricultural de la nación y en especial de una ciudad donde cerca del 70% de sus habitantes son afrodescendientes que apenas ahora empiezan a sentir el reconocimiento de lo que han sido y han ido construyendo, para perpetuarse en sus expresiones y formas de reconocerse.
Del patrimonio cultural material de la ciudad existe amplio reconocimiento, pues desde la declaratoria de la Unesco en 1984 se ha venido mostrando y valorando ese legado físico, que de hecho fue el que colocó a la ciudad en el mapa mundial de los destinos turísticos. Pero hay una subcategoría de ese patrimonio inmaterial, del cual no hay en la ciudad suficiente valoración ni reconocimiento, como es el patrimonio mueble y es justo reconocer y ponderar el trabajo que ha venido haciendo el Grupo Conservar, en cabeza de Salim Osta Lefranc, no solo en la protección y conservación como en la divulgación de algunos de los bienes que posee la ciudad y que son proporcionalmente igual de valiosos que sus fuertes y murallas, me refiero a los trabajos sobre las iglesias: Catedral de Santa Catalina de Alejandría, Santo Toribio, San Roque y el Santuario de La Popa, que hoy se divulgan en impecables libros, diseñados e impresos con elevada calidad, rigor científico y un lenguaje comprensible para todo lector. Ello merece su reconocimiento.
*Sociólogo.
