Nuestro Caribe tiene dos de los poetas más consagrados y reconocidos de Colombia: Pedro Blas y José Luis Hereyra. Pedro, nacido en la barriada de Getsemaní a la que le ha cantado con sus versos desde su primer aliento como creador, logró un lenguaje particular, insuperable e imposible de imitar. Hereyra, parido en Barranquilla, donde amasó parte de su vida académica, se afincó en Sincelejo hace largos años, nutriéndose de los encantos de la sabana sucreña y del mar azul del Golfo de Morrosquillo.
Pedro debió enfrentarse a la malquerencia de alguna parte de la intelectualidad cartagenera que le desconocía su valía, pero debió inclinarse ante su portentosa imaginación, su poética telúrica, su verbo embrujado, su manera de interpretar los quebrantos de su ciudad, de su gente, de su barrio. Hereyra, más sosegado pero igualmente profundo, se abrió paso amarrado a su agudeza mental, la manera de expresar sus sentimientos y emociones, y su vigor para exponer su propuesta creadora.
Pedro, autodidacta, alimentó su mente con la lectura permanente, el trajín de la calle, el mar abierto, la algarabía, las pasiones y las muchas realidades de su barrio, el sufrimiento y la alegría de sus ancestros. Todo lo amalgamó en su esponja mental para luego ofrecerlo como un rico manjar creativo a todos los públicos. Su habla y escritura no tienen paralelo. Son únicos. Irrepetibles. Cuando lee sus poemas se crece de manera extraordinaria, convertido en fuego verbal. Toca las emociones más profundas de quienes lo escuchan.
Hereyra no solo es poeta y escritor. También traductor, docente, periodista, conferencista bilingüe. Estudió Filología en la Universidad del Atlántico, institución que le otorgó hace poco el Título Honoris Causa en reconocimiento a su trayectoria académica, intelectual, creativa. Se tituló igualmente en la Corporación Universitaria del Caribe /CECAR/, y en Estados Unidos obtuvo las más altas calificaciones en el riguroso examen Praxis II en Newark, Nueva Jersey. Lo académico le complace. La poesía es su verdadera pasión.
Pedro Blas y Hereyra son amigos. Entrañables. Se apoyan. Se admiran mutuamente. Las envidias creativas están ausentes entre ellos. Su comunicación es constante. Tienen ahora, entre manos, un proyecto que dará mucho de qué hablar el año entrante.
Con los dos mantengo una cálida amistad. Pedro está sembrado en mi corazón desde hace mucho, mucho tiempo. Hereyra está más cercano en el tiempo. Los dos leerán “Poesía en su voz” el 12 de diciembre en el Claustro La Merced, 4 p. m. Ellos me han pedido que conduzca este evento. Honor que agradezco. Presentará otra amiga, Sofía Camacho.

