La isla de Barú, con gran vocación turística, está intentando desarrollarse hace más de 45 años de manera poco eficiente, a pesar de ser una tierra paisajísticamente muy bella. Se dice que su intento de desarrollo por inversionistas poderosos es paralelo al desarrollo mexicano de Playa del Carmen, donde ya no queda un lote por desarrollar por lo efectivo de su proceso.
Barú, con kilómetros de playas blancas coralinas y mar azul, hoy invadidas y terriblemente manejadas, que incluso atenta contra su estabilidad ambiental.
Barú, contiguo al parque nacional coralino “Islas del Rosario”, de hecho, una parte suya pertenece a su jurisdicción.
Barú, rodeado de agua salada por todos sus lados, con temperaturas muy cálidas y agradables, pero que no se desarrolla como debe ser a pesar de algunos esfuerzos aislados, admirables, muy ejemplares como “Marina Barú”, promovida por el arquitecto urbanista Eduardo De la Vega Visbal.
Y bueno, uno se pregunta qué es lo que está pasando con semejante tierra tan bella y promisoria en una ciudad con una enorme vocación turística muy natural.
Y tratando de ponerle valor real, exento de todo optimismo, se encuentra uno que hay, para mi concepto, una gran especulación de ofertas con valores altísimos, que al hacer uso de los indicadores de la normativa POT (Plan de Ordenamiento Territorial), que son de baja densidad, y que además exige al desarrollador ceder al Distrito el 45% de la tierra para equipamiento, las cuentas no dan. Entonces una tierra que no tiene servicios públicos, que no tiene vías de acceso, que muchos predios tienen reserva ambiental y de la Dimar, y que algunos presentan invasiones, es poco viable su desarrollo.
A mí la normativa me parece acertada, muy horizontal, de baja densidad, muy paisajístico, pero que al hacer los “números” los pronósticos son muy malos porque con los valores que se piden no son realizables.
Barú sencillamente es una tierra que no tiene vías y hay que hacer enorme inversión privada en ellas. Son pocos los predios que tienen frente sobre su única vía de acceso la Transversal Barú. Y que muchísimos predios son medianeros o interioranos, sin acceso vial, que en muchos casos están a dos kilómetros de la Transversal Barú, es decir, y toca movilizarse por predios privados que generosamente permiten circular por medio de ellos en caminos de mulas en pésimo estado.
Barú pide a gritos un plan vial.
Entonces Barú es una tierra que no tiene servicios públicos, que hay que llevarlos por cuenta de los inversionistas privados. Que hay que ceder de buenas ganas casi la mitad de la tierra, en predios con enorme dificultad para acceder, en lotes, algunos de ellos invadidos por colonos, es muy difícil que se pueda desarrollar.
¿Entonces qué pasará con Barú?
