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Columna

Mano firme

“El alcalde Turbay está trabajando mucho por la ciudad, pero igualmente debe exigirles a sus ciudadanos...”.

Soqui Rodríguez

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Sin duda alguna el 2025 ha sido un buen año para Cartagena. Muchas han sido las obras que se han entregado, las calles reparadas y los grandes proyectos que han iniciado su curso. Hacía mucho tiempo no veíamos inversiones importantes en la infraestructura de nuestro corralito de piedras. Las fiestas de noviembre volvieron a florecer y los cartageneros, que salían despavoridos esa semana, se quedaron a disfrutar de los múltiples eventos. Sin embargo, la mano dura con que inició nuestro alcalde Dumek Turbay se ha suavizado y vemos como las malas costumbres vuelven a tomarse la vida diaria de nuestros habitantes.

En el Centro Histórico los taxistas volvieron a instalar sus estaciones satélites en puntos como la Torre del Reloj, donde esperan pasajeros sin importar cómo trancan el tráfico; detienen los vehículos donde quieren y recogen personas en cualquier calle en doble línea, afectando el flujo. Las chivas rumberas vuelven a transitar por el sector turístico con su música a todo volumen pasadas las horas permitidas. El embarcadero detrás del Hospital Bocagrande se ha salido de control sin ley ni orden. Donde hay enfermos que deben descansar, hay peleas y gritos por conseguir turistas que usan parlantes a alto nivel. Tampoco respetan las embarcaciones que se mueven en la bahía. Estas ponen sus equipos de sonidos a decibeles insoportables afectando hasta los eventos del Centro de Convenciones. Las busetas Turísticas parquean libremente en el malecón.

En el 2025, Cartagena ha vivido un deterioro palpable en su seguridad. Lo que antes eran incidentes aislados hoy se han convertido en una preocupación diaria para residentes y visitantes. El incremento de atracos y abusos a turistas en una queja constante. El auge de las extorsiones a pequeños comercios y la presencia visible de bandas dedicadas al microtráfico han minado la sensación de seguridad que tranquilizaba la ciudad. Con frecuencia escuchamos casos de sicariato y la respuesta institucional sigue siendo insuficiente frente al ritmo de los delitos.

Cartagena está viviendo una fase de expansión de obras públicas que se ha convertido en el proceso más influyente en materia urbana y socioeconómica de la última década. Modelos econométricos sostienen que el actual ciclo de inversión tiene la capacidad de cambiar indicadores de empleo, pobreza y dinamismo económico. Pero todo esto debe ser complementado con el cumplimiento de las normas para tener una convivencia sana y respetuosa; con una sensación de seguridad que nos permita caminar libremente por los senderos y malecones que se están construyendo y que les dé la certeza a nuestros turistas de que no serán explotados por vendedores de servicios ambulantes. Necesitamos que nos vuelva la fama de ser uno de los destinos más seguros de Colombia. El alcalde Turbay está trabajando mucho por la ciudad, pero igualmente debe exigirles a sus ciudadanos. El progreso también debe verse en el orden y el respeto para que las leyes cumplidas garanticen la harmonía y tranquilidad.

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