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Columna

Terminator

“El otro día, tentado por la curiosidad, decidí sacar a caminar a ‘Terminator’ por el paseo peatonal. Tamaña equivocación…”.

Jorge Rumié

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Mi amigo Elon Musk no deja de sorprenderme. El otro día, así como de sopetón, me llamó a altas horas de la noche para pedirme el favor de que recibiera en mi casa a su última creación tecnológica: el robot experimental XRC-2285, con IA de última generación. Palabras textuales, me dijo: “Me gustaría que pudieras tenerlo en Cartagena para evaluar su funcionalidad ante la alta humedad y salinidad de tu ciudad”. Luego continuó: “Amigo, no te preocupes, te lo envío programado para que te obedezca ciegamente y, si de casualidad el muchacho se descarrila, puedes regañarlo tranquilamente. Ahora, si sigue fregando, también puedes pegarle su ‘chancletazo’, como en los viejos tiempos. Los robots no se traumatizan”, remató.

Hasta ahí, todo bien. El problema mayúsculo vino después, cuando mi esposa se enteró y me dijo: “¡Cómo así que traerás un ‘RoboCop’ a la casa, si de milagro medio manejas una triste tablet!”. Al final, superada la dificultad con mi señora, el siguiente impasse me llegó por los lados del aeropuerto. Yo, en mi ignorancia, imaginé que el ‘RoboCop’ me llegaría en una caja, como quien trae un Lego para armar. Pero vaya sorpresa: cuando ya estaba en el aeropuerto, recibí llamadas de la Cancillería, la Policía y hasta del propio Dumek Turbay, quien me increpó: “Oye, Rumié, me dicen que en Migración hay un ‘Terminator’ con pasaporte americano que está preguntando por ti. ¿Qué estás tramando?”.

Afortunadamente, el robot, como tiene su IA, tiene acceso a unos 34 millones de documentos jurídicos y constitucionales suficientes para que se autodefendiera y lo dejaran entrar al país. Ya en casa, y luego del desmayo de mi esposa cuando vio semejante ‘Terminator’ de 2 metros, la película cambió radicalmente cuando descubrimos sus actitudes serviciales y culinarias. Impresionante, el ‘RoboCop’ conocía a la perfección unas 18 millones de recetas. Lo suficiente para engordar 10 kg en una semana y ganarme un sobregiro bancario apoteósico. Hasta pastillas para la presión me tocó comprar.

El otro día, tentado por la curiosidad, decidí sacar a caminar a ‘Terminator’ por el paseo peatonal. Tamaña equivocación. No habían pasado 5 minutos cuando se acercó el primer amigo impertinente que le preguntó al robot si podía darle un perfil psicológico del presidente Petro. No sé si fue el calor, la humedad o la salinidad del momento, pero ‘Terminator’ quedó silencioso y con una mirada perdida hacia el infinito, como cuando engulles unos seis kilos de patacones, no has tomado agua y te dan ganas de ir al baño. Joder.

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