Gran parte del legado que Dumek Turbay busca dejarle a Cartagena se cimienta sobre un cupo de endeudamiento por hasta $1,5 billones que el Concejo Distrital le aprobó y del que ya gestionó $1,4 billones. Su administración ya ha firmado 10 contratos de crédito, con cinco entidades de la banca privada colombiana y con Findeter.
Con esa apuesta, Turbay está financiando, principalmente, vías, colegios y el Malecón del Mar, una inyección de recursos sin precedentes en Cartagena.
Todos los créditos gestionados por el Gobierno Turbay contemplan la mayor parte de los desembolsos para 2026: serán $1,037 billones proyectados a ingresar a las arcas distritales el próximo año. Esa concentración de recursos implica que el Distrito deberá ejecutar mucho en poco tiempo. En ese escenario, la ciudad debe evitar que la urgencia por contratar y ejecutar se traduzca en obras con prórrogas y sobrecostos.

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Hans BlumenthalA la capital bolivarense le tomará una década pagar esa ambiciosa apuesta. Y la deuda la sentirán con mayor fuerza los dos próximos gobiernos distritales, cuando se agoten los periodos de gracia -hasta tres años- y comience el pago de capital.
La deuda tiene tasa variable: una fórmula que se mueve según el mercado, IBR más un margen. El IBR funciona como un termómetro del costo del dinero en Colombia. Si ese termómetro sube, los créditos se encarecen; si baja, la deuda se abarata.
Aunque Cartagena obtuvo una parte de los recursos con tasas competitivas -márgenes inferiores al 2% sobre el IBR-, más de la mitad de los créditos se firmaron con márgenes superiores a ese porcentaje, lo que aumenta su costo final. Para dimensionar ese impacto: en 2025 el IBR ha estado cercano al 9%, por lo que un crédito pactado a IBR + 2,2% terminaría costándole a la ciudad alrededor del 11% anual solo en intereses.
En otras palabras, la capital de Bolívar está asumiendo una deuda relativamente costosa para ejecutar varios de los proyectos de su Plan de Desarrollo. Aun así, no alcanza los niveles de algunos de los créditos más onerosos que ha contratado recientemente Barranquilla -que suele ser la referencia en gestión local-, como uno pactado a cinco años con una tasa de IBR a tres meses + 4,10% con el Banco Santander y otro a 14,85% efectivo anual con el Fondo de Capital Privado Bonus.
El verdadero reto de Cartagena será transformar toda esa deuda en obras terminadas y útiles, sin contratos llenos de adiciones presupuestales ni cronogramas inciertos. La desconfianza es comprensible: hace una década la ciudad ya escuchó una promesa similar de renovación urbana, durante el gobierno de Dionisio Vélez, y el resultado fue un fiasco.
Turbay, entonces, tiene un doble desafío: administrar una chequera histórica y, al mismo tiempo, no decepcionar a los cartageneros.
