comscore
Columna

El Rectificador

“Conste que el ruido es un fenómeno violento e invasivo, que causa respuestas hormonales en el cuerpo...”.

Francisco Lequerica

Compartir

Aún no está claro si las alarmas antirrobo habrán impedido alguna vez el hurto de un vehículo, pero es evidente que su presencia en el ecosistema sonoro se ha normalizado hasta el punto de que las aves lira —paseriformes endémicos de Oceanía occidental— mimetizan su estridente ululación electrónica con hipnótica precisión. Establecido que las compañías aseguradoras suelen ofrecer descuentos que van del 5% al 25% en la póliza, recompensando la instalación de sistemas antirrobo en los vehículos, existen escasos incentivos para que se reconozca la ineficacia de estos sistemas que tanto contribuyen a la polución ambiental. Habiendo en el mercado dispositivos antirrobo probadamente más eficaces que las alarmas sonoras, como transpondedores, inmovilizadores electrónicos y bloqueos digitales, resulta absurdo insistir en imponer lo que menos funciona.

Para quienes aún no hayan sido insensibilizados al ruido por décadas de ocupación industrial de nuestros tímpanos, es una agresión literal la que se desata cada vez que un fulano accede a su carro, o que lo roza el ala de un pajarito. A quien le incumba educar la audición a la altura de sus demás sentidos, le irá mal en este mundo arrollado por estrépitos ante los cuales sucumben poblaciones enteras en sorda resignación. Un acervo de individualistas nunca sumará una democracia, discerniéndose un egoísmo voraz a la raíz de este flagelo al oído. Conste que el ruido es un fenómeno violento e invasivo, que causa respuestas hormonales en el cuerpo y lo expone a dolencias auditivas, cardiovasculares, metabólicas, nerviosas y mentales; es disparatado pretender que la exposición al ruido sea inofensiva para la salud.

En la película ‘Noise’ de 2007, Tim Robbins interpreta a David Owen: un neoyorquino exasperado por la infernal barahúnda de alarmas vehiculares en la Gran Manzana, que decide emprender una cruzada radical contra ellas. Arrestado por ruinar varios carros reincidentes, afina su táctica y encarna a un antihéroe furtivo que apaga las alarmas indómitas de Manhattan, acapara simpatías y titulares, y se hace llamar “El Rectificador”. No sorprenderá al lector avezado que ‘Noise’ esté entre mis cintas predilectas, pues enfrento a diario los mismos agravios que su protagonista.

En Cartagena, donde parte del egoísmo ciudadano halla expresión en el avasallamiento automotor de andenes, vías y cuerpos humanos, no es tan irracional ansiar un “Rectificador” como quien sueña con Batman poniéndole coto a tanto villano criollo. Sobrándome el recato de no resarcir lo infligido por siquiera un vehículo agraviante de entre tan nutrido parque, no logro descartar de plano la validez ética de dicha conducta en un prójimo férvido, siendo improbable que una colectividad atrofiada haga recapacitar a la industria. ¿O no es así, Luigi?

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News