Es preciso recordar la historia de la atención a pacientes e intentar comprender qué nos ocurrió y aún nos acecha, cuáles alternativas para redireccionar: nos espera el precipicio, ¿existen soluciones sensatas en el ultrasensible tema de salud y vida? Derechos fundamentales, no mercancías.
Galeno Nicon de Pérgamo (129 - 216 dC), médico, filósofo y anatomista griego, durante 15 siglos máxima autoridad de la medicina occidental, heredero de Hipócrates (médico griego), entendió el acto de sanar, no solo como saber técnico, también acto moral, guiado por la razón y compasión. Galeno, dedicado, integralmente, a la misión de sanar, aconsejaba: “Servirle a la vida, no servirse de ella”, profunda y demoledora premonición. Durante siglos esta visión humanística de la medicina impregnó hospitales, monásticos, universidades, casas de caridad, y en todos ellos predominaba el acto médico concebido como deber social, expresión de la mas pura humanidad frente a las enfermedades y el dolor. Con el correr de los años la ciencia avanzó a pasos agigantados: medios diagnósticos y terapéuticos, anatomía, fisiología, antibióticos, vacunas, tecnología, trasformaron la práctica médica y, bajo el fragor de las guerras mundiales, la humanidad reconoció que la salud no podía depender de la fortuna individual, dando los primeros pasos hacia el concepto moderno de la ‘Salud como Derecho Fundamental’ proclamado en 1948 por la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) adoptada por la ONU, y Colombia acogió esos gloriosos principios elevándolos al rango constitucional; sin embargo, lastimosamente se torcieron aquellos loables propósitos, los pacientes pasaron a ser ‘clientes’ y surgieron estructuras administrativas mercantilistas: la enfermedad ya no era un “drama humano” para convertirse en “evento”, el enfermo fue rebautizado “usuario”, y el médico un “prestador de servicio”, y desde entonces la salud se igualó a “mercancía” subastada, muchas veces al peor postor. Hoy el panorama es incierto: hospitales públicos asfixiados, clínicas privadas dominadas por balances financieros, pacientes sometidos a esperas indignas: ‘Paseo de la Muerte’, profesionales de la salud mal y tardíamente remunerados, exhaustos, muchas veces judicializados, despojados de su autonomía e irrespetando su ÉTICA, mientras soportan avalanchas de glosas, pendientes de autorizaciones, guillotina de la desconfianza, y entonces surgen preguntas inevitables: ¿en qué momento la medicina pasó de ser DERECHO para convertirse en MERCANCÍA? ¿Desde cuándo el sufrimiento es susceptible de cotizarse?, vida y salud dependientes de intríngulis administrativos.
Reformas van y contra-reformas vienen, y la incertidumbre se agiganta en medio del colapso nacional: pacientes y familias pagando altísimos precios, buscando soluciones alternativas, mientras política y negocio están por encima de la salud del ser humano, sobre todo en época preelectoral.
No habrá más remedio que llevarle flores a Galeno, quien al informarse de nuestra tragedia, renunciará a su cargo honorífico. ‘Nada cambiará’. Advierte un proverbio Guajiro: “Colombia, país de leyes a tutiplén, se las pasan por la faja, y el problema no es de flechas, es de indios”.
