Viendo en televisión las manifestaciones que han tenido lugar estos días en España a raíz de la detención/secuestro de Maduro (esencialmente: manifestaciones de venezolanos expatriados a favor de la detención y de españoles desnortados a favor de Maduro) y escuchando las declaraciones de los diferentes líderes mundiales, enfadados unos, alegres otros, de la operación de los gringos en Caracas, me asalta la duda: ¿le podría pasar lo mismo a Petro? ¿Podría Trump llegar a la conclusión de que la cocaína realmente de donde viene no es de Venezuela, sino de Colombia, y mandar a los marines y a la Delta Force a por Petro?
Pues quizá sí. Ni lo creo posible, ni sinceramente lo deseo. Empecemos por lo segundo. No lo deseo aún y no siendo Petro santo de mi devoción. No lo deseo porque Petro no es sólo un hombre, es el titular de la Presidencia de la República y detenerlo a él sería como detener a toda Colombia. Humillar a todo el país y dejar al borde del colapso su democracia. Porque Petro fue elegido democráticamente y sea lo que sea lo que le suceda, quien debe decidirlo son los colombianos; sus ciudadanos y sus tribunales, pero no los cowboys del norte. Tampoco creo posible que suceda, porque Colombia no es Venezuela. Aunque el poder militar de los EE. UU. sea inigualable por nadie en el mundo, no es lo mismo asaltar la capital de un país derrumbado, que la de otro perfectamente operativo y funcional.
El ejército colombiano es tremendamente más potente que el venezolano. Hoy en día, la Casa de Nariño es más temible que Miraflores, por resumir. No obstante, podría pasar. Alguien podría vender a Petro, como parece probable que han vendido a Maduro. El escándalo sería mayúsculo. No es lo mismo secuestrar a un dictador de opereta que a un presidente democrático, por muy peculiares que sean sus formas, muy criticable su ideología y muy discutible su estrategia de lucha contra las drogas. Todo el planeta, salvo algún iluminado, protestaría. Se organizaría un lío monumental. Pero, y he aquí la pregunta clave, ¿alguien podría impedirlo? Y más aún, ¿alguien estaría dispuesto a impedirlo? Dudo mucho que ningún país u organización internacional hiciese algo más que elevar la voz. El poder de EE. UU. les detendría de cualquier otra medida. Eso es lo terrible del mundo en el que nos adentramos. Que la fuerza y nada más que la fuerza parece que quiere dirigir nuestras vidas. Da igual la ideología. Todos deberíamos estar preocupados.
