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Columna

Topología del desprecio

“A la merced de sus viejas taras, la estadounidense es hoy una nación colapsada aunque dotada de la mayor capacidad táctica...”.

Francisco Lequerica

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La base económica de la sociedad fundacional estadounidense, emancipada hace 250 años, fue la esclavitud; el segregacionismo fungiría luego como modelo para los andamiajes legales que sustentaron la Shoah y el Apartheid. Al ir migrando desde la posguerra los criterios de estratificación social, y afianzándose en la cultura global y en las conductas la refutación científica y legal del racismo, fueron configurándose nuevas castas con sus correspondientes descastados. La autora Isabel Wilkerson —primera mujer afroamericana en ganar el Pulitzer de periodismo— recuerda que la milenaria pirámide de varnas en la India “precede a la idea de raza, y tiene un mayor alcance y profundidad que el racismo en bruto”.

La era de la posverdad digitalizada faculta el surgimiento de categorías jerárquicas que diluyen los contornos de las anteriores —en términos de Bauman— sin suplantarlas propiamente. A la merced de sus viejas taras, la estadounidense es hoy una nación colapsada aunque dotada de la mayor capacidad táctica de la historia, que le confiere un monopolio de la violencia sin precedentes. Wilkerson postula que, “al margen de quién se imponga en un determinado proceso electoral, el país aún opera bajo las divisiones creadas por el sistema de castas, y bajo el influjo de los temores y resentimientos de una casta dominante a menudo opuesta a los anhelos de aquellos considerados inferiores. La existencia de este agravio y descontento en la nación más poderosa del mundo es un peligro para la especie y para el planeta”.

El actuar del Gobierno Trump —expansionismo agresivo, negacionismo científico, represión doméstica del disenso y la diferencia, desprecio de la legalidad establecida y del recurso diplomático— responde a una pugna primitiva por recursos naturales en curso de escasez, que resultan indispensables para que la casta dominante permanezca en la cima de su jerarquía. El tono vulgar y fanfarrón con el que Trump y sus cipayos socaban las soberanías de países aliados de larga data —bajo preceptos empuñados en confeso contubernio con mafias industriales— delata que su única ventaja está en las armas. A Unamuno, no lo convencerán.

De lo alto de sus 104 años, el filósofo Edgar Morin advertía hace poco: “No sabemos si la situación mundial es solo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, con o sin desesperanza, pasar a la Resistencia”. Debe destacarse que cualquier Estado se rige por las jerarquías descritas y que, agotados los matices ideológicos y evacuada la moral en virtud del arma más letal, el sistema entero deberá deconstruirse desde los márgenes de la nacionalidad. Sería incoherente resistir desde tribunas y estructuras reglamentadas, pues todo Estado es en esencia un generador de castas, hostil a lo libre.

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