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Columna

Transición demográfica

“Esta caída se profundizó después de la pandemia del COVID-19, hasta llegar a una tasa de 1,1 hijos por mujer en 2024...”.

Jaime Bonet

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Algunos lectores de mi columna anterior sobre transición demográfica y cambio climático me preguntaron por la magnitud de las transformaciones en la estructura poblacional del país. Por esta razón, considero conveniente profundizar en la transición demográfica para tener más claridad acerca de los cambios que se vienen registrando en Colombia.

La caída de la fecundidad en Colombia no es un fenómeno reciente. Como lo señala Juliana Jaramillo Echeverri, comenzó a mediados de la década de 1960 y ocurrió de manera simultánea en la mayoría de las regiones. La fecundidad pasó de un promedio de siete hijos por mujer en 1960 a tres en 1985.

Esta caída se profundizó después de la pandemia del COVID-19, hasta llegar a una tasa de 1,1 hijos por mujer en 2024. Esta tasa se ubica por debajo del valor de reemplazo poblacional, que se ha estimado en 2,2 hijos por mujer. Este umbral implica que, en promedio, al menos cada mujer debe tener 1 hijo que la reemplace y otro que remplace a su pareja, garantizando así la estabilidad de la población.

La evolución reciente de los nacimientos por grupo de edad de la mujer registra una disminución sostenida en todos los grupos que se profundiza a partir de 2020. Entre 1998 y 2024, los nacimientos se concentraron principalmente en mujeres de 20 a 29 años, aunque en los años recientes se aprecia una expansión progresiva hacia grupos de edad más avanzados (30–39 años). Por último, la participación de las adolescentes entre 10 y 19 años disminuyó, especialmente después de 2015.

Pese a que la fecundidad cayó en todos los departamentos, en 2024 persistían brechas regionales considerables. Departamentos como Nariño, Caldas y Bogotá registraron tasas de fecundidad inferiores a 0,9, mientras que el Huila, La Guajira y Vaupés mantienen niveles cercanos a 2.

Las variaciones en la cantidad de nacimientos por grupos de edad materna y región entre 1998 y 2024 corroboran la heterogeneidad regional. En todos los grupos se observa una disminución sostenida de los nacimientos en la región Andina, tendencia que contrasta con la persistencia e incluso el aumento relativo en regiones como la Amazonía, el Caribe y la Orinoquía.

Las dinámicas demográficas también se reflejaron en el número de personas menores y mayores que dependen de aquellos en edad de trabajar. Entre 2005 y 2018, la tasa de dependencia disminuyó cerca de un 10% en todos los departamentos, principalmente por la reducción en la dependencia infantil.

Los expertos indican que estas transformaciones poblacionales reflejan y condicionan los cambios económicos y el bienestar del país. Las tendencias demográficas futuras, aunque difíciles de predecir, tendrán un impacto directo en la provisión y financiación de bienes públicos como las pensiones, la salud y la educación, así como el empleo, la productividad, el crecimiento económico y el bienestar general de la población.

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