La polarización política es una de las expresiones de nuestro tiempo. Cada vez se escucha más aquello de que estamos polarizados, que vivimos más polarizados, que las sociedades occidentales son víctimas de la polarización. Sin duda. Basta con ver los resultados electorales, y la casi nula voluntad de las diferentes fuerzas políticas con representación parlamentaria para llegar a acuerdos transversales, para darse cuenta de que no es ya que los ciudadanos se hayan encastillado en sus ideas políticas de un modo emocional, irracional y más propio de hinchada de club de fútbol, incapaces de conceder el menor ápice de buenas intenciones, no digamos ya de posesión de la verdad, al rival, sino que los partidos políticos son más y más refractarios a ponerse de acuerdo en nada, haciendo que el consenso, tan necesario en democracia, sea hoy en día una panacea.
Hay estudios empíricos que demuestran cómo en países como EE.UU., más o menos desde la llegada al poder de Bill Clinton, se ha hecho progresivamente más raro que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo. Se vive en el presente una situación de bloqueo mutuo en el que sólo cuando se tiene una mayoría suficiente para aplastar al otro se toman decisiones, sufriéndose el resto del tiempo la parálisis más abyecta. El resultado de esta incapacidad del Legislativo es que el Ejecutivo acaba por ignorar al Parlamento, al que todos ven incapacitado para decidir nada, y procede a tomar él las decisiones. Quizá no legislando, cosa que no puede hacer, pero sí regulando y aprobando normas que en la práctica cada día más tienden a ejercer las mismas funciones tradicionalmente atribuidas a la ley.
La pregunta es por qué aumenta la polarización. La respuesta, por supuesto, es compleja y multifactorial, pero hay un elemento que no se puede ignorar: la polarización no sucede de una manera natural como si de las mareas se tratase. La polarización es muchas veces provocada conscientemente por los actores políticos. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene tratar de organizar una constituyente cuando quedan meses para acabar el mandato presidencial? ¿De verdad se trata de solucionar algo? ¿O de lo que se trata es de darle motivos a la gente para que se enfrente, para que se polarice?
La polarización es nefasta para la calidad democrática de cualquier sistema. Aquellos que la fomentan en el mejor de los casos son unos irresponsables. Y en el peor, dudo mucho que sean demócratas.
