Hace 40 años, en plena guerra fría, Thatcher y Reagan libraban una cruzada contra los sindicatos, la URSS y el comunismo blandiendo la espada del individualismo y el neoliberalismo a ultranza. Entre tanto, en el laboratorio de la Universidad de California, el microscopio electrónico de Leonard Rome descubría, allá, en lo más profundo de la célula, unos orgánulos ultramicroscópicos parecidos a balones de fútbol americano a los cuales denominaron bóvedas por su parecido con los techos abovedados de una catedral. En su momento descubrieron que había entre 10.000 y más de 100.000 en cada célula y por tanto deberían ser muy importantes.
Durante décadas la comunidad científica se devanó los sesos investigando las funciones de estas bóvedas. No es fácil estudiar el comportamiento de las células, saber cómo toman decisiones, si son capaces de aprender y mucho menos entender su comportamiento ante un estrés o agresión como el cáncer.
Con el tiempo vino a saberse que las susodichas bóvedas actuaban como una “memoria biológica”, pues capturan y almacenan la información genética en un momento dado con la posibilidad de leer esa información más adelante. Esta semana Chen y Chao, de la Universidad de Harvard, publicaron en la revista Science que lograron introducir en estas bóvedas una proteína que es el equivalente a pulsar el botón de “grabar” de cualquier teléfono inteligente. Con las resultas que pueden registrar toda la actividad celular, almacenarla, estudiarla y modificarla. Así crearon las “bóvedas del tiempo” que permiten observar facetas de la biología celular nunca antes vistas ni siquiera imaginadas.

Menos resoluciones, más seguridad jurídica
Iván Martínez IbarraEstas bóvedas son enigmáticas estructuras convertidas en verdaderas cápsulas de tiempo que almacenan, como una bodega, todas las experiencias y los más recónditos secretos del pasado celular. El equipo de Chen utilizó las bóvedas del tiempo para comprender y manipular las células cancerosas “persistentes” que no mutan y evaden los tratamientos contra el cáncer de pulmón. Así identificaron cientos de genes hiperactivos en estas células y posteriormente inhibieron algunos de esos genes. Con las resultas que los medicamentos destruyeron más células de cáncer de pulmón.
Es como si pudiéramos tomar las experiencias vividas en momentos específicos de la humanidad, analizarlas para aprender lecciones y luego inhibir esa corrupción rampante, erradicar la injusticia social y la violencia fratricida perenne evitando así esos bandazos a derecha e izquierda y esa absurda polarización en que seguimos cayendo tercamente esperando utópicos liderazgos mesiánicos. Lo dijo Kundera: “La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.
*Profesor en la Universidad de Cartagena.
