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Columna

El periodismo en los tiempos de la inteligencia artificial

“En tiempos de inteligencia artificial, el periodismo está llamado a reinventarse, sin traicionar su esencia...”.

Orlando Díaz Atehortúa

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Escribo esta nota un 9 de febrero de 2026, día en que en Colombia se rinde homenaje al periodismo y a los periodistas. Una fecha propicia para reflexionar sobre un oficio que hoy enfrenta uno de sus mayores desafíos: la expansión acelerada de la inteligencia artificial en un mundo donde la verdad parece cada vez más frágil y disputada. El periodismo no puede darse a medias, o es o no es. Su razón de ser ha sido, desde sus orígenes, gritar donde otros susurran. Frases que nos enseñó el gran periodista Henry Holguín, desde su tribuna, en la sala de redacción del periódico “El Pueblo”. Es indudable que la labor de un buen periodista, comprometido con la verdad, es incomodar al poder y revelar aquello que muchos quieren mantener en la penumbra. No es difícil advertir cómo buena parte de los medios de comunicación tradicionales han sido captados por intereses políticos y económicos que buscan moldear el relato público. A ello se suman las llamadas bodegas de información: ejércitos de mercenarios digitales a quienes se les paga para confundir, distorsionar y fabricar realidades paralelas. En este escenario, la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta peligrosa cuando se pone al servicio de la mentira, la manipulación y el encubrimiento sistemático. Pero sería injusto caer en el pesimismo absoluto. ¿Cómo no recordar al maestro Guillermo Cano, director en su momento del periódico “El Espectador”, asesinado por denunciar a las mafias del narcotráfico que se incrustaban en nuestro país con el visto bueno de sectores de las clases pudientes. Aún persisten periodistas valientes que destapan las ollas podridas del sistema, que denuncian la corrupción, la pederastia, la pedofilia, los abusos de poder y los crímenes que se pretenden silenciar día tras día.

En tiempos de inteligencia artificial, el periodismo está llamado a reinventarse, sin traicionar su esencia: más rigor, más cercanía con la gente y un compromiso innegociable con la verdad. A esos periodistas que siguen siendo la voz del pueblo, que iluminan las cavernas más oscuras del poder, va este reconocimiento, hoy y siempre.


Adenda: Este artículo va dirigido especialmente a mis amigos periodistas Germán Hernández - Reinaldo Espitaletta, a Rodolfo Mejia F, de la revista “Metro” y al doctor Nicolás Parejas, director del periódico El Universal de Cartagena, quien me ha acogido de manera generosa con mis columnas sin ninguna restricción.

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