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Columna

Carlos Gustavo Méndez, el poder de las convicciones

“Su paso por la Universidad fue profundamente transformador, apostándole a la enseñanza efectiva de la ciencia médica sustentada con el ropaje inmaculado de ética y humanismo...”

HENRY VERGARA SAGBINI

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La última vez que nos vimos cabalgaba, como de costumbre, sobre su Rocinante de realidades y sueños. Ya jubilado de la Universidad de Cartagena, portaba en sus manos el proyecto creando nueva Facultad de Medicina en la prestigiosa Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), con énfasis en atención primaria y salud ocupacional, convencido de llenar un vacío a nivel nacional e internacional, articulando a los futuros galenos a modelos productivos, pero lastimosa y súbitamente, a los 69 años (Cartagena, septiembre 18 de 2016) marchó al infinito.

Carlos Gustavo Méndez Rodríguez jamás abandonó bríos y optimismo, pero el tiempo terrenal no le alcanzó al maestro con un pie sobre la tierra y el otro en el arco iris: decidió vivir intensa y productivamente aferrado al poder infinito de sus convicciones. Connotado médico internista - gastroenterólogo, sólida formación humanística, Maestro de Maestros, demócrata irreductible, pensamiento crítico, pacifista, respetuoso, escritor, investigador, decano Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, jefe del Departamento de Medicina Interna, vicerrector de la U de C, vicerrector de la Universidad Libre, miembro de la Academia de Medicina de Cartagena, miembro de número de la Academia de Historia de Cartagena y la Academia Colombiana de Historia, columnista imperdible de El Universal.

Su paso por la Universidad fue profundamente transformador, apostándole a la enseñanza efectiva de la ciencia médica sustentada con el ropaje inmaculado de ética y humanismo, despertando, entre colegas y discípulos, pensamiento lógico, respetuoso - crítico: su voz no se limitaba a saberes universitarios, comprometía a sus alumnos a convertirse en agentes sabios, generosos y pacíficos jalonando cambios sociales estructurales apoyados en la excelencia académica y científica, insumos fundamentales en beneficio de pacientes y comunidades, sin distinción ni discriminación, convirtiéndose en referentes académicos, con liderazgo social y humanístico, sembrando semillas de ciencia, carácter y autoestima, respetando para tener derecho a exigirlo sin acudir a la violencia y, ante el deterioro progresivo del sistema de salud, recomendaba conservar la esperanza de un milagro democrático.

Seguramente, desde su partida sideral continúa repitiendo palabras alentadoras al oído y conciencia de quienes fuimos sus alumnos o colegas, incitándonos a no bajar la guardia, exigiendo respeto para cada uno de los pacientes sin importar que estén descalzos o vistan de esmoquin, asegurando que cuando más oscura está la noche, presagiaba luces del amanecer; impregnaba de ánimo a los mallugados discípulos de Hipócrates y Galeno, incitándonos a no claudicar, exigiendo educación médica integral, prestación de servicios médicos humanizados, oportunos y eficientes, derechos fundamentales inviolables e innegociables.

Familia, medicina, docencia, colegaje, historia y literatura, sus incondicionales amores. Que nadie se sorprenda con su luminosa e inmortal presencia entre nosotros: Carlos Gustavo Méndez Rodríguez continuará junto a sus colegas de oficio, en las rondas hospitalarias y su espíritu libertario permanecerá vigente, impregnando con sus saberes las columnas de opinión de El Universal de Cartagena, agregándoles invictas, respetuosas e innegociables convicciones. ¿Quién lo duda? Solo mueren aquellos que se olvidan.

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