Es muy común que se destaque la revolución haitiana de 1804 por el surgimiento de la primera república negra en el mundo; sin embargo, se olvida que los haitianos le propinaron severa derrota al ejército napoleónico, a la sazón, el más poderoso del mundo.
El gobierno francés prohibió obras teatrales sobre el tema, de hecho, solo reconoce la república haitiana hasta 1825. La censura se disipa a mediados del siglo XIX, cuando se consolida el gusto popular por el romanticismo y aparece en la escena dramática el personaje del negro colonial, correspondiente al ‘bon négre’. Para entonces, las compañías de teatro que se formaban en España recorrían el Caribe tanto insular, como continental, y en su trasegar vinculaban actores, actrices, directores, escenógrafos, músicos, entre otros artistas para ofertar temporadas de teatro en cada puerto.
Gracias a nuestra condición de puerto, se presentaron en el teatro de comedias ‘El Coliseo’, compañías teatrales extranjeras en su camino hacia Bogotá, lo que favoreció que el público cartagenero y del país, conociera la sensibilidad romántica, cuyo enfoque matizaba la gesta insurgente de los pueblos negros para mostrarlos como melodramas de amor imposible.
Aquí se relacionan ciertas obras, año de presentación y autores (casi siempre españoles que traducían del original francés o inglés): ‘De mala raza’ (1897, José Echegaray), ‘El dúo de la africana’ (1894, Miguel y Fernández Caballero), ‘El mulato’ (1849, Alejandro Dumas), ‘El Negro’ (1895, Ricardo Lleras), ‘El terremoto de la Martinica’ (1876, Emile Augier), ‘Entre mi mujer y el negro’ (1876, Luis de Olona), ‘La cabaña del tío Tom o la esclavitud de los negros’ (1868, Ramón de Valladares), ‘Otelo o el moro de Venecia’ (1853) y ‘Malí o la sublevación de los negros’ (1851, Eduardo Torres Canseco).
Eran obras que transcurrían en las antiguas colonias caribeñas y exponían el escándalo inaceptable del amor interracial: casi siempre hombres negros enamorados de sus amas, ya fuera con ocasión del amor a primera vista o por un truculento triángulo amoroso; por su parte, el drama pasionario del joven amo blanco enamorado de una hermosa esclava negra, era del mayor interés público. Es a través de tales arquetipos, que aparece el exotismo de las gentes negras y mulatas, y se amansa la memoria rebelde.
En ‘Malí o la insurrección de los negros en Santo Domingo’ se matiza el idealismo revolucionario haitiano para centrarse en los celos del esclavo negro Malí por el amor no correspondido de una mujer blanca. Se repite una y otra vez tal esquema dramático, que a su vez se inspira en la obra ‘El Negro’, escrita por Honoré de Balzac en 1822 y vista en Cartagena en 1898, en el Teatro Mainero, donde se habían proyectado las primeras películas. Todo con tal de olvidar la derrota que los haitianos le propinaron a Napoleón.
