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Columna

La están desfigurando imperceptiblemente

“Cartagena no puede seguir contemplando, impasible, cómo se desfigura poco a poco el legado que la hizo Patrimonio de la Humanidad”.

JORGE DÁVILA-PESTANA VERGARA

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Creo que a nuestras autoridades -no solo de este cuatrienio, también de administraciones anteriores- les ha ocurrido lo que suele pasarnos con el crecimiento de nuestros hijos: no advertimos cuánto han cambiado sino hasta que ya son mayores. En un símil, podría decirse que ocurre exactamente lo mismo con la transformación ilegal de la llamada quinta fachada de los inmuebles del Centro Histórico. No vemos la magnitud del problema, sino cuando este se ha multiplicado.

Con inusitada frecuencia, nuestro paisaje patrimonial se ha llenado de rooftops, que, como verdaderos tenderetes iluminados sobre las azoteas de numerosos inmuebles, han alterado la morfología colonial de su horizonte urbano. No sabemos si estas estructuras cuentan con las autorizaciones debidas. Y es aquí donde radica un peligro latente. Ellas podrían colapsar si no se realizan los estudios que determinen la sobrecarga viva que son capaces de soportar.

En Cartagena, ninguno de los inmuebles construidos a comienzos del siglo pasado, fueron concebidos para que sus terrazas pudieran sostener de manera permanente el peso de grandes concentraciones de personas, mobiliario o equipos que excedieran los límites establecidos en su diseño estructural.

Un campanazo de advertencia nos lo recuerda la tragedia de la Discoteca Jet Set, en Santo Domingo. Su techo colapsó debido a una sobrecarga, dejando un saldo de más de 236 muertos y 180 heridos. El inmueble construido medio siglo atrás, no estaba edificado para tolerar una carga excesiva.

Por igual nos hemos acostumbrado a ver a otros espacios del recinto amurallado, como algo normal. La calle Román lleva muchísimos años invadida de batiburrillos que la han convertido en un verdadero bazar, amparados en una supuesta confianza legítima. Y qué decir de la calle Santos de Piedra, saturada de conos viales delimitando territorios frente a almacenes y joyerías.

A ello se suman los numerosos locales comerciales que han reemplazado sus puertas de madera por fachadas en vidrio, mientras que al Portal de los Dulces le han instalado iluminación sobre dos de sus arcos. Pronto los veinticuatro portales restantes estarán cubiertos por luces de neón.

Con la aprobación del PEMP del Centro Histórico, un logro de la administración del alcalde Turbay y su secretario de Planeación, Emilio Molina, estas agresiones y otras más contra el patrimonio, encontrarán un freno definitivo. La defensa de él, no admite más dilaciones. Cada intervención ilegal tolerada, representa una pérdida irreversible para una ciudad cuyo mayor tesoro es precisamente su autenticidad histórica. Cartagena no puede seguir contemplando, impasible, cómo se desfigura poco a poco el legado que la hizo Patrimonio de la Humanidad.

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