comscore
Columna

Abismo de pasiones

“Lo decía el sabio, ‘La ley es la razón libre de pasión’. Y digo yo cuando la pasión gobierna, la ley se convierte en arma; cuando la razón gobierna, la ley se convierte en límite”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

Compartir

Cuando las mujeres eran menos que nada, ella leía y escribía en varios idiomas. De belleza excepcional, Leonor de Aquitania, a los 15 años ya era dueña de media Francia. Por ello, Luis VII de Francia se casó con ella. Nieta de Guillermo, uno de los primeros trovadores occitanos, dicen que promovió la pasión y el “amor refinado” del caballeresco medioevo en sus “cortes de amor”. Como quiera que haya sido, fue Reina de Francia y tuvo la pasión y el poder de obligar al papa a divorciarla de Luis VII para, semanas después, casarse con Enrique II, poco después rey de Inglaterra. Así gobernaron Inglaterra y parte de Francia.

Fruto de esa pasión nacieron ocho hijos, los más famosos el tercero, Ricardo I ‘Corazón de León’, y el último Juan I ‘Sin tierra’. Enrique tenía preferencias por Juan mientras que Leonor prefería a Ricardo y temerosa de perder su Aquitania, ella armó una revuelta para que sus hijos mayores se enfrentaran al rey. Ella perdió y estuvo confinada en un castillo 15 años. Con el tiempo Ricardo fue rey, pero pronto falleció y Juan, nacido cuando ya habían repartido tierras y virtudes, llegó a ser legítimo rey. Un rey cruel, que ilegalmente expropio tierras, elevó impuestos a su amaño con lo que se granjeó la animadversión de los barones del reino.

Como cualquier presidente colombiano, quiso imponer un aliado suyo como sucesor del arzobispo de Canterbury, con las resultas que al final el papa lo excomulgó.

Hace más de 800 años, cansados de los abusos del rey, los barones escribieron una carta de libertades y solo cuando los nobles se tomaron Londres no le quedó más remedio a Juan que firmarla, para luego desconocerla como ilegitima. La guerra continuó y Juan falleció poco después de disentería. La guerra fratricida, en la cual Luis de Francia (futuro Luis VIII y nieto del primer esposo de Leonor) se inmiscuyó, solo terminó cuando un anciano regente promulgó nuevamente la Carta Magna salvando a Inglaterra del caos y garantizando la institucionalidad. Y eso que Inglaterra no tiene, como tal, una constitución como Colombia. Se trata de una colección de leyes históricas, tratados, sentencias y costumbres que han sostenido la legalidad y la legitimidad durante siglos.

Es claro que hay algunas diferencias entre el presidente saliente y el entrante, pero ambos son a cuál más radical. Contrarios en sus fines, ellos dos, como a otros, les ha dado que, para lograr sus deseos, necesitan que Colombia se sienta al borde del abismo para así ser ellos la única salvación.

Lo decía el sabio, ‘La ley es la razón libre de pasión’. Y digo yo cuando la pasión gobierna, la ley se convierte en arma; cuando la razón gobierna, la ley se convierte en límite.

*Profesor Universidad de Cartagena.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News