Matute y Guayepo son dos hermanos de agua que Cartagena trata como estorbos. El primero nace en Turbaco y desemboca en la Ciénaga de la Virgen. El segundo atraviesa la Zona Norte hasta el Caribe. Uno alimentó el primer acueducto de Cartagena, inaugurado en 1908; el otro recibe y conduce parte de la escorrentía de la nueva frontera del cemento.
En la cabecera del Matute, el Jardín Botánico protege un relicto aislado de bosque seco de unas tres hectáreas, refugio de monos aulladores, titíes cabeciblancos, aves y centenares de especies vegetales. Más abajo, la quebrada empieza a recibir aguas residuales, y frente a la sede de la Gobernación, el bosque ha cedido ante conjuntos residenciales que cada vez ocupan más espacio alrededor del sistema hídrico. El desenlace es previsible: primero estrechamos el arroyo y después, cuando el agua reclame espacio, proponemos canalizarlo.
Un trabajo del Instituto de Hidráulica y Saneamiento Ambiental de la Universidad de Cartagena, publicado en la revista Hydrology en 2025, comparó las coberturas de la cuenca del Guayepo entre 2000 y 2020. El bosque denso, que ocupaba el 14,4% de la cuenca al inicio del período, desapareció por completo en 2020, con una pérdida superior a 5,4 km². También desaparecieron los bosques de galería y riparios. Los autores muestran que esta transformación aumenta la escorrentía durante las lluvias, y con ello mayor vulnerabilidad frente a inundaciones.
En la Zona Norte, la guerra contra lo verde no brinda tregua. Grandes extensiones han cambiado vegetación por urbanizaciones. Estos proyectos deberían publicar sus estudios de inundabilidad, si acaso los tienen o son exigidos por las autoridades, y demostrar un respeto mínimo por la ronda hídrica y el corredor ecológico. El agua no sabe de licencias; cuando llueve, busca el camino que le quitaron.
Las autoridades no pueden alegar desconocimiento. El POT protege desde 2001 la ronda del Guayepo y sus bosques. En octubre de 2025, EPA y Cardique adoptaron la ronda hídrica de Matute. La ciudad sabe dónde están sus arroyos y cómo protegerlos; pero la respuesta es precaria: retirar basura y hablar de intervenciones del cauce. Limpiar es necesario, pero convertir un arroyo en infraestructura de evacuación de aguas no es conservarlo.
Matute y Guayepo necesitan corredores ribereños, restauración con especies nativas, vigilancia y estudios de impactos acumulativos de las obras en sus cuencas. EPA, Cardique, Planeación, las curadurías, Turbaco y Cartagena deben responder como un solo sistema y actuar en coherencia con lo que promulgan. El agua tiene memoria. Si seguimos borrando bosques, impermeabilizando cuencas y estrechando cauces, la próxima inundación volverá a llamarse tragedia natural, aunque una parte de ella haya sido decisión de ciudad.
*Profesor.
