Abracadabra

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Tengo entre el bolsillo mi varita mágica para convertirte en reina Cartagena, para colmarte de versos y transitar por tus lugares sin temores ni miedos. Cierro mis ojos y mientras cuento ovejas, evoco el canto de las estrellas en aquellas noches oscuras donde entre juegos y risas, siendo muy niños pedíamos al mundo que hiciera silencio. Ahora el viento zumba y solo se oyen lamentos, no hay para comer, no hay para estudiar, no hay para vivir bien y mucho menos oportunidad para trabajar, la vida está muy dura, una limosnita por el amor a Dios.

Veo a tanta gente arrastrar sus zapatos con dificultad, parecen fantasmas dentro de la gran ciudad y lo que más angustia me da, es que ya no nos asustamos, ni nos asombramos y nos hemos acostumbrado a verlos pasar. Cada día hay más y más y ante la necesidad y la falta de orientación, se han ido acostumbrando a pedir “por necesidad” y además a flojear porque los demás tienen la obligación de solventarles su situación y acuden a las esquinas, a los andenes, a las calles, a cualquier rincón del espacio público y cada vez hay más y cada vez todo se desordena más y cada vez el caos es más doloroso.

Entonces leo mi ciudad y me aterra que las palabras y los acontecimientos se salieron de margen y sus grafos parecen garabatos, que las cosas están en desorden, sin coherencia, sin estructura, sin argumentación.

Miro atrás y empiezo con remembranzas de aquellos alcaldes y gobernadores que con gallardía, honestidad y de manera impecable administraban nuestro terruño, industriales visionarios que buscaban el progreso y el bien común, dejando atrás la popularidad, retórica y verborrea de los de ahora, cuya finalidad es saciar su propio beneficio. Todo esto parece un poema como lo es el preámbulo de nuestra CPC en algunos de sus apartes... “y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana...”

Pero en nuestras manos está la solución, aunque en política y al elegir, todo se convierte en fandango y aparece el son, al son que mejor me toquen, participo de la función. Abracadabra. Recuerdo a Rafael Pombo, escritor, El ciego: En noche muy oscura/Iba un ciego con una linterna en la mano,/ y alguien pasa y murmura: “¡vaya un tonto! ¡De qué le sirve eso, paisano?./ Y respondióle: “Amigo, para que otro más sabio no choque conmigo”. La poesía me salva del abismo, no pierdo la esperanza, Cartagena mía y tuya.

*Escritora

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