Al borde del abismo

10 de diciembre de 2015 12:00 AM

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Mientras billones de lucecitas de colores brillan en la noche del mundo e iluminan el cambio climático, en París los gobernantes valoran los compromisos de estados y sociedad, para garantizar reducir las emisiones. El reto: la sobrevivencia y resiliencia de la vida en el planeta.

A la fecha y con un límite que es el 2050, el termómetro de 2 grados a partir de la etapa preindustrial nos marca 1 grado, y las 400 partes por millón de CO2 y demás emisiones de gases de efecto invernadero, rebasaron el límite del Protocolo de Kioto. 

El agravante es que no hay compromiso vinculante que frene el derroche de consumo energético y de naturaleza, y las consecuencias del modelo económico de consumo frenético de recursos naturales, de vertimientos y de víctimas del calentamiento que nos consume.
Manuel Guzmán Hennessy dice, y es incontrovertible, que entre 1971 y 1980 hubo 743 desastres climáticos, pero entre 1981 y 1990 aumentaron: 1.534, y entre 1991 y el 2000 fueron 2.386; y se duele de que en la reunión del COP21 también se llegue a ignorar que entre 2001 y 2010 hubo 3.496 desastres, miles de muertos y millones de desplazados o damnificados que no hay ceguera de poderoso que pueda ignorarlas.

En el corazón de esta cumbre hay un reloj con un tic tac cada vez más fuerte, de allí que el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, pidiera que cada país -especialmente los más contaminadores- se sobrepasen en iniciativas individuales frente al cambio climático, para un acuerdo eficiente y vinculante.
Hablamos de inversión en eficiencia energética, energías limpias y adaptación al efecto devastador que afecta más a los que no lo producimos. La compleja discusión en París cuestiona el modelo económico, sus responsabilidades y la determinación de no rebasar los 2 grados, lo que limitaría a un modo de vida insostenible.

Estamos ante el grupo poderoso de países ricos, incapaces de dar soluciones al deterioro del clima, las catástrofes ambientales y soluciones globales, solidarias. El modelo además de riqueza produce calor, pobreza y basuras, incrementó el riesgo climático, la contaminación, depredación de la minería extractiva, deforestación acelerada, aceleración consumista, especulación y el egoísmo. Por eso se pide -y no se aceptará- un tribunal de justicia climática.

¿Cuál será la reducción aceptable de emisiones? ¿Cuánto aportarán al Fondo Mundial de Adaptación? ¿Cuánta sustitución de energía es posible si petróleo y carbón son esencia de riqueza y poder? 
Mientras brillan billones de luces y esperamos de esta cumbre compromisos serios, en esta ciudad amenazada por el mar exigimos que la adaptación rebase el espejismo de las palabras.

 

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