Antiproyectos

17 de abril de 2010 12:00 AM

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En todas partes hay personas que se oponen a proyectos de aliento y desarrollo. Lo hacen con distintos argumentos y razones. Pero los opositores de aquí son recalcitrantes, porque una vaina es criticar nuevas iniciativas, y otra dedicarse a impedir que se realicen. En este país, con el centralismo más poderoso, las aspiraciones regionales suelen ser descartadas por el Departamento Nacional de Planeación. Esa entidad se distingue por centralizar las inversiones del Estado en Bogotá, Medellín y Cali. En su nómina de tecnócratas no hay gente del Caribe, y si existiese, no actúa como tal. Así es como se concentra la inversión en los sitios más desarrollados. Las obras que requieren la bahía de Cartagena y el Canal del Dique se han columpiado en todos los escritorios oficiales. Cuando el presidente Uribe ordenó acometerlas, exigieron nuevos estudios y actualizaciones de los mismos. Al final adjudicaron las obras a un consorcio, del cual hace parte una prestigiosa firma de ingeniería de la región. Eso nos dio algo de esperanza. Pero nada. Ahora el ministerio o el banco, hacen otra revisión, quizás para que el dinero se pueda ir a privilegiadas regiones, y a la Costa Caribe le tocará esperar y sufrir. Aquí los apóstoles del no facilitan que se aplace cualquier iniciativa. A todas se oponen. No solo porque existan otras dentro de unas prioridades, sino porque alguien se pueda beneficiar. Si hay partidarios del proyecto insinúan sospecha de intereses torcidos. Se cuestionan los estudios, el contratista, la ubicación. El cuento es oponerse. Como nos conocen, desde el Olimpo de la burocracia anuncian un proyecto de inversión en el Caribe para que los criticones de la región actúen. En la localización no estarán de acuerdo, el método que se va a utilizar es inconveniente, los perjuicios, la sospecha y la desconfianza. Siempre habrá una alternativa preferible a la proyectada. Aquello de elefante blanco, y obra faraónica se menciona de inmediato. Toda obra debe ser tan perfecta que no se hace. Las objeciones de Char y las de nuestra Alcaldesa en lo del aeropuerto regional fueron presentadas con tino y buen juicio. Aún cuando al alcalde de Barranquilla se le sintió un tufillo de centralismo regional. Pero otra cosa son los campaneros del rechazo cuando murmuran y combaten cualquier vaina que se asocie con progreso y dinámica. Personalmente no nos oponemos a ninguna obra pública en nuestra zona, así no nos guste la distancia de 45 km al nuevo aeropuerto, sobre todo cuando los destinos turísticos del Caribe que compiten con nuestra Cartagena tienen el suyo muy cerca. Tener una posición negativa no significa sabiduría, ni transparencia, sino tal vez tontería. En otra región celebran proyectos de infraestructura y un nuevo súper puerto. Con serenidad navegan en un mar de inversiones, mientras a nosotros nos asusta una gota. Apenas comienza el drama. Las obras públicas para la costa se “sobrestudiarán”. Los contracréditos y partidas favorecerán otra zona porque somos muy exigentes y necios. Con ese argumento continuarán aplazándonos proyectos y soluciones hasta el año blando, qué, como decían los viejos, no tiene cuando. *Abogado, Ex Gobernador de Bolívar y Ex parlamentario. augustobeltran@yahoo.com

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