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Azuzando la arrogancia

RICARDO TROTTI

Por: RICARDO TROTTI

12 de Noviembre de 2016 12:00 am

Las protestas y vigilias anti Donald Trump en varias ciudades y universidades de los EEUU, demuestran la fuerte arrogancia política y división del país, acentuada por el vicioso proceso electoral.

El eslogan demócrata, “No es mi presidente”, que reniega de Trump y de un sistema electoral que venció al voto popular, también desnuda la intolerancia y el irrespeto de una multitud hacia la otra mitad del país que votó distinto.

Los políticos son culpables de incentivar esa arrogancia. El debate de las ideas lo suplantó la descalificación personal, y estigmatizar al oponente. El discurso incendiario de Trump cosechó el rencor que sembró, pero esas llamas también las azuzaron Hillary Clinton y Barack Obama, pese a pedir luego respetar los resultados y apoyar la transición.

La arrogancia de la multitud no es casual. Tras consumir discursos de odio, insultos y acusaciones de corrupción por largos meses, no se puede pretender que el público haga borrón y cuenta nueva, como lo insinuaron Trump y Obama, al elogiarse minutos después de sacarse los ojos.

La hipocresía natural a la política no es norma entre la multitud. Esta, azuzada, crea anticuerpos y prejuicios, creyendo que sus ideas son superiores a las contrarias. La despiadada campaña electoral, amplificada por los medios y las redes sociales, creó una fuerte polarización.

Las redes sociales democratizan la comunicación, pero también incentivan una intolerancia salvaje. Algunos tratan de imponer su voluntad con el bullying y el insulto; otros, esconden sus sentimientos. Muchos, además, no se dan cuenta que la realidad en Facebook no es real; la condicionan los “likes” y amigos con opiniones similares a las propias.

Beyoncé, Meryl Streep o Lebron James tampoco morigeraron las divisiones. Los líderes demócratas quedaron alucinados por los llamados de estas estrellas a enterrar a Trump por causas nobles. Pero las celebridades fueron insensibles al problema real: bolsillos populares cada vez más flacos. Trump, en cambio, tiró contra los políticos, pero apuntó a la clase trabajadora, esa que pedía cambios y reniega del establishment. El aprendiz estaba mejor enfocado que sus colegas célebres.

A la prensa también hay que culparla de azuzar la arrogancia. Pro liberal y anti conservadora, endiosó a Hillary e incineró a Trump. No es malo que 500 medios hablaran a favor de Hillary, pero fue injustificable el activismo de muchos contra Trump. Por ese activismo, los medios no fiscalizaron las encuestas. Desdeñaron las redes, donde Trump cosechó más euforia que Hillary. Y desacreditaron a Wikileaks, cuando antes legitimaron las denuncias de Assange contra Bush.

Lo más terrible es que los medios se quedaron en su zona de confort, en las grandes urbes costeras, olvidando las zonas rurales y periferias. Un periodismo más equilibrado y certero hubiera contenido a esa multitud que ahora cree que le robaron los resultados y sus sueños.

Avivar la arrogancia, a propósito o no, genera intolerancia y autocensura, contrarios a la libertad de expresión. Los políticos y periodistas, custodios naturales de esta libertad, deberían ser los primeros en dar el ejemplo.

Mensajes y sociedad
trottiart@gmail.com

 

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Comentarios

Falso profeta; haz lo que predicas

Bueno seria qu oyeras tu propios concejos, a los gobienos latino americanos RESPETALOS. Y no seas el sapo propandista contra los que no se doblegan ante el amo delmundo.No atizes el odio contra Maduro