Bazurtofobia o importaculismo

11 de septiembre de 2018 12:00 AM

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El mercado público posee una gran importancia para el desarrollo y la nutrición de una población, tema que han entendido muchos países y ciudades convirtiéndolos en despensa alimentaria y turística de excelente calidad al servicio de la región y el turismo, mientras aquí lo subestimamos, y lo dejamos en el último peldaño de la importancia de las políticas públicas. De nada han servido los amplios debates efectuados en el Concejo y requerimientos que hacen incansablemente los visitantes y comerciantes que laboran dentro de él.

La sentencia del Juzgado 12 Administrativo, confirmada por el Tribunal de Bolívar, sigue durmiendo el sueño de los justos. “La acción de desacato ordenada por el fallo de una Acción popular buscando restablecer el ambiente y la salud pública del entorno y de sus asistentes, sigue afectada por la indiferencia y ausencia de voluntad que permite como consecuencia un alto deterioro ambiental, impactando la ciénaga de las Quintas y sus alrededores.

En visita que realizara días anteriores pude reconfirmar que genera más de 10 mil empleos, 600 carritos para acompañar al comprador, 400 que llevan la mercancía del camión al puesto de venta, 1.400 personas que salen a los barrios a vender al detal, sin contar los comerciantes y los que compran para vender en semáforos y tiendas; sumados a las otras fuentes laborales de productos no alimenticios.

No se le ha dado trámite al Plan parcial de renovación urbana de Bazurto, decreto 1490 de 2007, luego de 11 años donde los alcaldes mostraron que la planificación les importó un soberano, y se interesaron en sus caprichos o lo que les dijo el espejito del cuento de Blanca Nieves.

Empecemos a promover en los mercados una cultura de la sana alimentación, venta de productos de origen natural, higiene y presentación, reutilización de los desechos, y promocionar la gastronomía cartagenera como: arroces de cangrejo, cerdo, frijolito con coco, pescado con yuca, y otros sabores y aromas que se ferian sumergidos en típicas palanganas y calderos gigantes que hipnotizan y someten al transeúnte.

No continuemos con un mercado deteriorado, vendedores sacrificados por los ‘prestadiarios’, reactivación de la ‘vacuna’ y posible regreso de  muertos que no se sometan o incumplan, no mengüemos la fortaleza laboral y alimenticia de quienes no tienen acceso a las tiendas de autoservicio, supermercados y franquicias transnacionales, no permitamos que problemáticas internas como la inseguridad, la prostitución y la delincuencia, sigan su agosto.

Estamos a tiempo de corregir y hacer de Santa Rita un mercado para mostrar, lo que obliga a que su discusión sea pública, a través de cámaras para la ciudad con propuestas de quienes puedan a sugerir edificar el clúster que proteja la economía popular.

COLUMNA DEL CONCEJO
César Augusto Pión González*
protocoloconcejodecartagena@gmail.com

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