Biblioteca salida de la basura

12 de julio de 2018 12:00 AM

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En medio del Mundial de Fútbol y del asesinato sistemático de líderes sociales, circula en las redes sociales un video ejemplar: Una biblioteca sacada de la basura.

Es una lección de vida, un fértil estereotipo existencial, propio del realismo mágico macondiano y cuyo héroe, como hay muchos anónimos en el país y en América Latina, es José Alberto Gutiérrez, un conductor de las empresas públicas de Bogotá, quien un día cualquiera y fiel a su amor por la lectura, recogió los libros que botan los bogotanos para hacer una biblioteca grande en su comunidad, en su propia casa, y contagió a su familia y a sus compañeros de trabajo, quienes bajo el grito Ey José, “libros”, se sumaron a  esa cruzada noble por la dignidad y por la vida.

La experiencia de José Alberto nos remonta a la “Sombra del viento”, uno de los textos en la tetralogía “El cementerio de los libros olvidados”, de Carlos Ruiz Safin, de la Barcelona entre 1945 y 1966, narrado con erudición, de cómo un día cualquiera un chico es llevado por su padre a un lugar lúgubre y extraño de la ciudad, donde en medio de tantos libros encuentra uno que cambia su vida.

A diferencia de lo ocurrido al chico Daniel Sampieri al visitar el cementerio de los libros olvidados, en la transformación personal de su vida, José Alberto, con su biblioteca transforma muchas vidas en esa zona marginal de Bogotá, sembrando esperanzas entre la incertidumbre de un país con uno de los mayores déficit de bibliotecas en el mundo, donde la de los Gutiérrez es un oasis para encontrarse y ver un mundo de posibilidades.

Extraordinario el ejemplo de Don José, quien con su biblioteca salida de las basuras y de su alma, nos recuerda lo dicho por Michel Foucault: “Para soñar no hay que cerrar los ojos, hay que leer” y eso hacen los Gutiérrez con su proyecto pedagógico, cultural, ecológico y político, que servirá para que esos niños sueñen con un mundo mejor y el Mundial de fútbol deje de ser un espejismo, y dejen de doblar las campanas por los líderes sociales asesinados.

“Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada”, decía Cicerón, y qué jardín nos faltará, si las sonrisas de los niños en la biblioteca de don José, son jazmines y rosas que la adornan, y la esperanza alcanza su mayor esplendor al buscar la dignidad.

El ejemplo de Don José servirá para que surjan libros olvidados en otras basuras. Ellos, como los líderes sociales muertos, son parte de nuestra historia y de nuestra lucha por la libertad, la justicia y la esperanza.

En esos libros, como en la memoria de la lucha de los líderes sociales asesinados, seguro está la más real posibilidad de que este país alcance la paz y la reconciliación, no importa si es en la basura o en cualquier sitio con hombres como Don José o familias como los Gutiérrez.

La paz, salida de las basuras y del dolor: ¡viva Don José!

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